¡Vuelve, Diderot!

06.10.2013 | Opinión

Ayer se cumplieron trescientos años del nacimiento de Denis Diderot, pensador libre, autor de “Jacques le fataliste”, coautor de la “Encyclopédie” y paradigma del intelectual ilustrado y heterodoxo. Langres, su ciudad natal, tiene previsto rendirle tributo a fin de año con la inauguración de la Maison des Lumières Denis Diderot, un museo que recreará su vida y su obra, evocando el siglo de las luces y la monumental “Encyclopédie”, a la que nuestro hombre contribuyó con miles de artículos. Entretanto, el presidente Hollande ha anunciado su intención de festejar el tricentenario trasladando los restos de Diderot al Panthéon, el mausoleo nacional que Francia reserva a sus grandes hombres en una antigua iglesia neoclásica. Tiempo atrás, a Diderot le dieron en las narices con las puertas del Panthéon, por ateo. Ahora parece mejor colocado. Francia es así: con el tiempo, acaba honrando a quienes atacan sus convenciones guiados por el afán de libertad y de progreso.

Mucho me gustaría seguir glosando aquí a Diderot. Pero no sé si ello sería del agrado de la mayoría silenciosa y, claro está, no debería indisponerme con ella. ¡Ah, la mayoría silenciosa! El gobierno de Rajoy ha desempolvado en días recientes este concepto de resonancias franquistas y nixonianas, para ningunear diversas protestas sociales, argumentando –es un decir– que lo que se manifiesta en la calle no es nada comparado con lo que se calla en casa; o sea, que dicen más cosas, y más respetables, los mudos que los locuaces. Y dando además a entender que la mayoría silenciosa le apoya y, de paso, le da carta blanca.

Rajoy y los suyos parecen a veces hablar sin pensar mucho antes. Porque si, como se nos sugiere, la gran mayoría está formada por gente sensata, comedida y discreta, lo más razonable es pensar que no se situará al lado de quienes con tanta suficiencia, desdén y morosidad gestionan la cosa pública. Ni de quienes afrontan la cuestión del modelo territorial español, que ahora es un problema político de primer orden y encona la convivencia, mirando a otro lado, encadenando dilaciones y proponiendo unos Presupuestos para el 2014 que minan las vías de entendimiento. Ni de quienes amparan los dictados de Wert y Bauzá para socavar sistemas educativos que han funcionado durante decenios sin problemas mayores. Ni de aquellos –y aquí ya no hablo solo de Rajoy– que afrontan la brega política con más fe que inteligencia, con más ánimo destructivo que constructivo. Ni, en suma, de aquellos que dicen actuar basados en principios o convicciones y, al perseguir su verdad sin bajarse del dogma, nos llevan al conflicto…

Si resucitara, Diderot pondría a caldo a toda esta tropa. (¡Vuelve, Diderot!). Por si no regresa, voy a citar una frase suya: el escepticismo es el primer paso hacia la verdad. Y, como homenaje personal al maestro, concluiré diciendo que no debemos creérnosla del todo.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 6 de octubre de 2013)