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EDIFICIO ANTARES

ARQUITECTA: ODILE DECQ

UBICACIÓN: BARCELONA. RAMBLA DE PRIM, 6

L a Torre Antares es la última incorporación arquitectónica a la zona del Fórum. Lo que durante años fue una estructura de hormigón desnuda e inacabada, víctima y reflejode la crisis del 2008, es ahora un edificio de 29 plantasy30.000 metros cuadrados construidos, con 89 viviendas de alto –muy alto– standing. Las mayores ofrecen más de 300 metros cuadrados de superficie, dobles alturas y vistas espectaculares de 180 grados sobre el Mediterráneo. Aquella estructura inacabada fue comprada a la fallida inmobiliaria Espais por el fondo de inversión Shaftesbury, que decidió terminarla y convertirla en apartamentos de lujo. A tal fin, convocó un concurso que en 2015 ganó Odile Decq, probablemente la arquitecta francesa de mayor renombre. Los promotores tienen en el punto de mira a clientes extranjeros –sin renunciar al nacional– de recursos ilimitados, dispuestos a pagar millones por un pied à terre a todo plan en Barcelona, donde quizás no pasen muchos días al año.

Decq realizó el proyecto guiada por una idea: diseñar unas viviendas que sacaran el mejor partido del mar y el cielo circundantes y en las que, por tanto, todo invitara a volcarse hacia el exterior. Eso ha determinado la definición formal del edificio, con terrazas corridas continuas, de canto sinuoso, orgánico y blanco, salvo en los “penthouse” superiores, pintados de rojo. También ha sido determinante en los interiores, distribuidos de tal manera que los servicios queden retirados y los mejores espacios más holgados sean los de relación con las vistas, al otro lado de unas vidrieras de suelo a techo que garantizan las mejores panorámicas posibles. Decq se ha encargado también del diseño de elementos como las cocinas, las bañeras, las manecillas o algunas escaleras interiores, abundando en la –contenida– línea orgánica de los cantos de las terrazas. Y tratando de dar a las viviendas, sin pasillos, unos espacios muy desahogados, tanto en anchura como en altura.

 La torre dispone de un vestíbulo comunitario de tres alturas, presidido por un muro curvo lacado de rojo. Se complementa en la terraza con una piscina cuyo límite se confunde con el mar y el horizonte, y, en la planta baja, con gimnasio, hamam, piscina y una sala de yoga revestida de madera, con formas de nuevo orgánicas, además de con un restaurante. Edificios como este son una prueba manifiesta, y para no pocos hiriente, de la desigualdad imperante en nuestra sociedad. También una muestra de la tendencia, errónea, de ciertos promotores a confundir Barcelona con Miami. Pero, desde un punto de vista estrictamente arquitectónico, Decq ha cumplido de forma esmerada con el encargo recibido: proporcionar a millonarios hedonistas un espacio lujoso para el placer y la diversión despreocupada.