Hay cierto consenso sobre que la gala de los Oscar del 2022 se recordará como “la del bofetón”. Y eso está mal. En la madrugada del lunes, la Academia hollywoodense premió a los mejores. Pero el resumen de todo eso será que un actor mimado por la industria subió a escena para pegar al cómico presentador, porque había ironizado sobre la calvicie de su esposa ante millones de espectadores. Fue un bofetón a mano abierta, pero dado que el actor encarnó a Muhamad Alí, al presentador debió quedarle la mandíbula dolorida.
Centrémonos ahora en el dramatis personae de esta imprevista subtrama de la gala que se convirtió en trama central: el agresor, el agredido y la esposa del agresor.
¿Tenía algún derecho el agresor a comportarse como lo hizo? No. No lo tenía. El suyo fue un acto de matonismo primario e inexcusable. Su ademán de caballero andante que protege a tortazos a la dama supuestamente ofendida (por un chiste) olía a naftalina. Y acaso algunas feministas aprecien en él un tufo heteropatriarcal. Probablemente, la dama también tiene una buena derecha y podría haberse aliviado sola. En tal caso, hubiera rayado a la altura de su marido, pero con más empoderamiento, que es divisa en alza. Pero no: la expedición punitiva la protagonizó el marido, que quedó como Ruiz Mateos cuando le pegó a Miguel Boyer. No digo más.
Respecto al agredido, señalaré que le habían contratado precisamente para hacer lo que hizo: bromas. Ignoro si eran todas suyas o de varios guionistas. En este caso, Will Smith hubiera tenido que repartir la leña. Está claro que en una gala tan larga como la de los Oscar caben bromas buenas y malas, y que la de la alopecia no fue la mejor (ninguna relativa al físico suele serlo). Quizás el problema no sea ese, sino trufar la gala con chistes. ¿Qué pasa? ¿Qué sin ellos es un rollo? Buen tema de reflexión para sus organizadores. Pero, obviamente, un anuncio de la industria del cine de cuatro horas es demasiado largo. Con chistes y canciones o sin ellos.
A la esposa del agresor le digo: anímese, recapacite y repare en que la calvicie no es el fin del mundo. A diferencia del cáncer de páncreas, se puede convivir largos años con ella. El pelo se le cae a millones de personas. (Y a mí se me va a caer por abordar temas tan delicados con tan poca sensibilidad). Pero si cada calvo tuviera derecho a ir por ahí repartiendo tortas, lo de Ucrania sería poca cosa. 
Acabo volviendo al principio. Smith no solo es responsable de comportarse como un bruto ante la audiencia planetaria. Sobre todo lo es de acaparar el protagonismo de una gala en la que el cine mostró su selección del año, ahora oscurecida por su agresión. Noche triste, pues, para Hollywood y el cine. Triste o, al menos, malograda.

(Publicado en "La Vanguardia" el 17 de abril de 2022)