Sin imagen

Intervención en la cubierta  de la catedral de Málaga

Arquitectos: Gabriel Ruiz Cabrero, Juan Manuel Sánchez La Chica, Adolfo de la Torre Prieto

Ubicación: CalleMolina Lario, 9. Málaga

 

Las catedrales suelen ser edificios umbríos, apenas iluminados por la luz coloreada que se filtra por vitrales y rosetones. La de Málaga no es ajena a esta tónica. Pero, gracias a las reformas realizadas en su cubierta –que se abrió al público hace ya un par de años–, es ahora además una catedral con vistas.

Este podría ser, en adelante, su nombre popular, sustituyendo al histórico de la manquita, debido a que una de las dos torres de su fachada nunca se terminó y quedó truncada. No es esta la única carencia de la catedral, considerada una joya renacentista andaluza. Sus largas obras, iniciadas en la primera mitad del siglo XVI y terminadas por orden real en 1782, concluyeron sin el previsto techo a dos aguas. En consecuencia, la veintena de cúpulas que cubren sus tres naves, así como su ábside, se deterioraron progresivamente, hasta exigir una reparación que acabara con las filtraciones, causa de humedades y desprendimientos.

Aquellas obras, terminadas en 2009, redefinieron el paisaje arquitectónico sobre la quinta fachada del edificio: una sucesión de cúpulas chatas, de ladrillo, que dibujan sobre la catedral algo parecido a unas dunas cerámicas, entre las que serpentea un nuevo sistema de canalizaciones y desagües.

Posteriormente, y con vistas a facilitar la visita a esta quinta fachada, se realizaron los trabajos pertinentes, que terminaron en 2015, de la mano de los arquitectos Ruiz Cabrero, Sánchez La Chica y De la Torre. Esta intervención es muy delicada, y se acometió con el deseo de no rivalizar en ningún caso con la fábrica de la catedral y de poder, si así se decidiera, desmontarla. Dicha delicadeza es ya patente en las discretas luminarias dispuestas en los angostos cubillos de acceso. Y se manifiesta también en la selección de materiales, en el recorrido perimetral por la cubierta de la catedral, en las barandillas o en las plataformas de iroko. Desde esta cubierta se disfruta de vistas panorámicas sobre el casco histórico de Málaga, sobre la Alcazaba o el Gibralfaro y sobre el puerto.

La nueva cubierta cerámica terminada en 2009 presenta ya grietas, algunas de anchura preocupante, que han propiciado nuevas filtraciones. Esta no es una buena noticia. Pero sí lo es que la intervención posterior para ordenar el recorrido por las cubiertas se haya diseñado con tanta contención y respeto, añadiendo al venerable edificio un atractivo hasta ahora ignorado.

 

(Publicada en "La Vanguardia" el 19 de junio de 2017)