Un tiro en el pie

24.03.2013 | Opinión

Chipre es una isla con perfil de pez espada. Lo sé porque lo he visto en los mapas. Pero mis saberes sobre el país no van mucho más allá de la ocupación británica, de la trifulca greco-turca, del arzobispo Makarios, de Nicosia, Larnaca o Famagusta, o de una comunidad retratada con mucho cariño por Lawrence Durrell en “Limones amargos”. Y para de contar. Ahora bien, esta semana Chipre ha sumado a dichos rasgos el de escenario donde el capitalismo se pegó un tiro en el pie: ha sido allí donde los mandamases europeos han decidido unilateralmente quedarse con parte de los ahorros bancarios de sus habitantes.

Desde niños hemos oído incontables alabanzas al ahorro. “Un penique ahorrado es un penique ganado”, sentenció Benjamin Franklin. Y hasta la fecha nadie le había desmentido. En los hogares se educaba a los hijos en la cultura del ahorro, aunque hubiera poco que ahorrar. Acaso porque lo ahorrado se tenía por una propiedad inalienable que nos ofrecía un sustento en la vejez.

El ahorro era, en suma, la última garantía. Digo era porque ahora el concepto garantía –como el concepto compromiso– está siendo dinamitado por el abuso y la codicia. Así las cosas, todo hacía pensar que la noticia chipriota induciría a los ahorradores de aquí y de allá a retirar sus dineros del banco y a meterlos de nuevo en cofres, ollas y calcetines; bajo el colchón o enterrados al pie de un alcornoque. Es decir, que el sistema bancario se desplomaría, agotado por esta retirada masiva. Pero no ha sido así. El llamado “gravamen sobre depósitos bancarios” de los chipriotas –en plata, robo– ha encendido los ánimos de sus sufridores, ha disparado las primas de riesgo y ha sacudido las bolsas. Pero no ha propiciado la fuga de ahorros bancarios, eso no. Al parecer, todo el mundo estaba ocupado discutiendo si la exigencia de garantías para el rescate de Chipre debería penalizar a quienes tras una vida de privaciones habían ahorrado 20.000 euros o a los que habían ahorrado más. En lugar de perseguir a las oscuras fortunas rusas que blanquean dinero en las lavadoras bancarias o inmobiliarias de Chipre.

Yo no sé cómo acabará este insensato ataque a la propiedad privada en Chipre. Y me temo que la guerra económica que se desarrolla en tierras europeas, entre unos contendientes a cara descubierta (y muy dura) y otros enmascarados y más peligrosos, nos deparará nuevas y no menos cruentas batallas, con su consiguiente lista de víctimas inocentes. Pero parece evidente que

el concepto de ahorro, tal como lo hemos entendido hasta ahora, es ya una de las bajas del conflicto. Acabe como acabe el follón de Chipre, el sistema ha defraudado ya la confianza del pequeño ahorrador. En adelante, cuando hable del ahorro, quizás lo haga con reservas y un mayor desapego. Como Winston Churchill cuando decía que “el ahorro está bien; sobre todo el que hicieron tus padres por ti”.