Tsunami en seco

21.10.2012 | Opinión

Juan Antonio Bayona ha logrado excelentes taquillas con Lo imposible, su aproximación al tsunami que, en diciembre del 2004, destrozó las costas del sudeste asiático. Aquella catástrofe natural trajo olas gigantescas que penetraron kilómetros tierra adentro y lo arrasaron todo, causando 230.000 víctimas, entre muertos y desaparecidos… España no padece tsunamis de este tipo, pero durante dos decenios ha sufrido una especie de tsunami en seco.
Entre 1987 y 2005, el número de hectáreas artificializadas -por viviendas o infraestructuras- creció un 52%, pasando de 669.222 a 1.017.356. Los efectos de este tsunami han sido también devastadores para el paisaje, salpicándolo de ruinas modernas, como las llama Julia Schulz-Dornburg en su libro homónimo. Esta arquitecta alemana afincada en Barcelona ha recorrido 10.000 kilómetros, cámara en ristre, para inmortalizar las muy numerosos promociones inmobiliarias fallidas, inconclusas, que han dejando unos feos costurones de cemento. El repertorio de desaguisados cometidos por promotores egoístas, con la inestimable ayuda de una legislación permisiva, un estamento político irreflexivo o corrupto, y el concurso de entidades financieras, sería cómico si no fuera patético. En Ruinas modernas (pertinentemente subtitulado Una topografía del lucro), Schulz-Dornburg documenta urbanizaciones que en su día se anunciaron adornadas con aeródromos o clubs náuticos; con pistas artificiales de esquí en plena meseta y playas en plena montaña; con instalaciones cinegéticas, clubs de golf, exquisita gastronomía, hoteles mastodónticos y amarres para megayates. Pero que, a menudo, capotaron enseguida y no fueron más allá del movimiento de tierras, del alcantarillado o de unas viviendas que se quedaron en su esqueleto estructural. ¿Por qué? Pues porque no había agua suficiente, porque faltaban servicios elementales o porque el promotor, que básicamente iba a pillar, quebró. Sorprende, a todo esto, el cinismo del mensaje publicitario que vendía estas promociones, siempre ensalzando su calidad de “pequeños paraísos” en una “naturaleza” que luego machacaban

con saña, de modo irremediable. ¿Qué hay que hacer con todo este territorio español arrasado por el tsunami en seco de la codicia inmobiliaria? ¿Derribar lo construido? ¿Abandonarlo y esperar que la naturaleza y el tiempo borren los errores cometidos? ¿Buscarle otros usos asociados a una nueva planificación del territorio? Cualquier solución puede ser la buena. Dependerá del correcto análisis de cada caso. Pero está ya claro que, si algún día vuelve a haber dinero para la construcción, convendrá extremar el control público y legal, persuadiendo a políticos y banqueros para que actúen en favor del colectivo, y no en su contra. Entretanto, alguien podría ir rodando Tsunami en seco, la película. Daría también, al igual que Lo imposible, mucho miedo.