¡Toma sandalia!

17.11.2013 | Opinión

Atento al dictado de los tiempos, cultivo la moderación. Siempre lo hice, pero ahora lo hago más, y confío en no ser el único. De ahí mi sorpresa al ver las imágenes del diputado de la CUP David Fernàndez echando mano de su hermosa sandalia y amagando con lanzársela a Rodrigo Rato en sede parlamentaria. El que fue director del FMI cuando se gestaba la crisis económica y presidente de Bankia cuando esta entidad caminaba con paso firme hacia la catástrofe (en ambos casos, sin saber hacer gran cosa para evitarlo), comparecía ante una comisión del Parlament de Catalunya. Lo hacía por voluntad propia y, por tanto, sin ánimo de emborronar su ya muy emborronado expediente. Rato interpretó con soltura el papel de “pregunte lo que quiera que responderé lo que me dé la gana”, acreditando que algo aprendió a su paso por la política española. Y Fernàndez fue colmando de halagos a Rato –le trató de gángster para arriba– hasta descalzarse, amenazarle con su sandalia y obtener la foto deseada.

Por un poco más que eso, el periodista iraquí Muntazer al Zaidi (que lanzó sus dos zapatos contra el presidente Bush en 2008, al grito de “toma tu beso de despedida, pedazo de perro”) se tiró casi un año en la cárcel. Claro que aquello sucedió en Bagdad, la capital iraquí. Y Catalunya, pese al creciente fundamentalismo de vario signo que unos y otros alimentan, no es todavía Iraq, motivo por el que no debería importar tradiciones de aquel país; y motivo también por el que Fernàndez no ha sido castigado, ni siquiera amonestado, por el lance.

Está fuera de lugar discutir, como hacen algunos catalanes de orden, la presencia de la CUP en el Parlament: responde a un mandato popular y no hay más que hablar. Pero me cuesta pensar que el lanzamiento de sandalia satisfaga por igual a todos los votantes de esta formación. Supongo que hay entre ellos partidarios de una oposición menos bronca y mediática, más inteligente. Pero, ya puestos a criticar, añadiré que Rato merece una reprimenda no menor. Da coraje ver a padres de la patria como él impunes, refractarios al reproche, acastillados en tecnicismos y reacios a admitir las flaquezas de su gestión, que ha perjudicado a muchos ahorradores y, en general, al conjunto de la sociedad española.

No me siento pues inclinado a tomar partido por ninguno de los dos protagonistas de este episodio que mina la dignidad institucional. Es verdad que Rato dijo ir a responder y se limitó a torear a los diputados. Y también es verdad que Fernàndez dijo ir a preguntar y se recreó en el insulto. Pero de Rato no espera uno ya nada provechoso para el interés común. En cambio, de Fernàndez cabe esperar que no vea en la altivez del rival una licencia para extralimitarse, sino una ocasión para demostrar que hace las cosas mejor que aquellos a quienes censura. ¿Queda esto al alcance de su cultura política o es pedirle demasiado?

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 17 de noviembre de 2013)