Thomas Szasz

07.10.2012 | Opinión

El pecado original del ser humano fue comer la manzana del árbol del conocimiento del bien y del mal, saltándose la prohibición divina. El segundo pecado fue ignorar la confusión lingüística decretada en Babel e intentar hablar claro y hacerse entender. “Conocer el bien y el mal, pensar y hablar, he aquí las dos afrentas fundamentales del hombre a Dios”, sintetiza Fernando Savater en el prólogo de El segundo pecado, viejo y agudo libro de aforismos del ensayista norteamericano de origen húngaro Thomas Szasz.
Pese a lo dicho, Szasz no era un comecuras, sino un ultraliberal, un infatigable defensor de la libertad. Nada que ver con Esperanza Aguirre, que lo era a tiempo parcial, y a ratos muy dada al ordeno y mando, a manipular en su favor cajas de ahorros o medios de comunicación. Szasz, en cambio, era ultraliberal de veras. Lo cual le granjeó enemigos. A su modo de ver, todas las grandes corrientes colectivas lesionaban la libertad y la dignidad individuales. (Quizás nacieron pensando en los individuos, pero enseguida pasaron a centrarse en sí mismas). Unas se oponían a la libertad personal en nombre de Dios (las religiones), otras en nombre de la nación (los patriotismos), la tradición (el conservadurismo), la igualdad (el comunismo), la mayoría (la democracia), la salud mental (la psiquiatría), etcétera. Pero, en mayor o menor medida, todas la lesionaban.La psiquiatría fue precisamente la materia elegida por Thomas Szasz como carrera universitaria. Y, también, para aplicar sus ideas libertarias: en 1961 publicó su célebre El mito de la enfermedad mental, donde cuestionaba la labor de los psiquiatras, comparándolos con alquimistas y astrólogos. Para él, la enfermedad mental era a menudo un mito, destinado a disimular conflictos morales propios de las relaciones humanas. Huelga decir que la mayoría de sus colegas no se lo perdonaron. Pero a Szasz esto le traía sin cuidado. ¿Por quién debe tomar partido el psiquiatra?, inquiría. ¿Por el individuo al que trata o por el colectivo que lo priva de libertad en un sanatorio? Szasz lo tenía claro: por el individuo y contra el colectivo.El ser humano, decía Szasz, tiende a regirse por las ideas recibidas más que por las propias. Eso es lo cómodo… y lo peligroso: así, el potencial analítico, racional y crítico de cada cual se anquilosa y deja paso al tópico. La libertad retrocede. Pocas personas han luchado contra eso con el tesón de Szasz, actuando como una especie de 3 en 1 del raciocinio, refrescando sin descanso el debate copado por movimientos, partidos e instituciones. ¿Por qué la libertad individual tiene tan pocos defensores?, se preguntaba Szasz. Porque es más fácil organizarse contra la libertad que en su favor, se respondía.Szasz falleció en su casa de Manlius (N.Y.) hace casi un mes, tres días antes de que la manifestación barcelonesa del Onze de Setembre desencadenara un poderoso movimiento. Otro. Descanse en paz.