Cada día vemos en los noticiarios televisivos a soldados y voluntarios ucranianos, armados y dispuestos a defender su país. Cada día vemos en la tele a periodistas que defienden la verdad con micro y cámara, con boli y bloc de notas. Estos no llevan uniforme, pero también podemos llamarles soldados –soldados de la verdad–, cuya valentía no desmerece la de quienes empuñan armas.
Por ejemplo, la valentía de la periodista Marina Ovsiánnikova, que el lunes osó plantarse tras el busto parlante del noticiario vespertino, con una pancarta contra la guerra y contra las mentiras de la tele oficial rusa. A sabiendas de que Putin la va a crujir por eso y que le pueden caer quince años de cárcel.
Cada día vemos imágenes de manifestantes en las ciudades rusas, armados solo con un cartel. Han detenido ya a millares. Su crimen es exhibir un mensaje antibélico, o una cartulina en blanco. A veces son adolescentes. A menudo, mujeres. Algunas ya ancianas, lo que no las libra de la brutalidad de los esbirros de Putin, dispuestos a zarandearlas antes de llevarlas a comisaría o al juzgado. Allí las aguarda el fiscal o el juez  que multa y encarcela. Si perseveran y se significan, quizás conozcan a peores verdugos: los que envenenan y asesinan. Tampoco el coraje de estos manifestantes callejeros desmerece del de soldados y periodistas de guerra.
Si los soldados de Kyiv defienden la soberanía de su país, los periodistas defienden la verdad –¡un saludo y mi admiración para Joaquín, Plàcid y cuantos informan desde una Ucrania en llamas!–. Lo hacen en un régimen hostil, que cierra radios y televisiones independientes (Ekho Moskvy, Dozhd TV…), que ha amenazado a la prensa foránea, prohibido Facebook o Instagram, restringido Twitter… y obligado a la BBC a recuperar las emisiones de onda corta. Que emplea a un ejército de hackers estajanovistas, productores de fakes en las redes para atacar y minar la verdad.
Es necesario defender la verdad frente a la mentira y la desinformación. Nos va la libertad en ello. Defender la verdad puede requerir valor, una cualidad moral que unas veces viene de serie, como un don más de la Naturaleza, y otras no. Pero ese valor puede ser también el fruto de una fría decisión racional. En Ucrania o aquí. Porque la verdad se defiende informando in situ, bajo los misiles. Pero también desde cualquier otro lugar, apostando por la información de calidad, desechando rumores, dejando de reenviar memes maliciosos... El Financial Times editorializaba días atrás en pro de otras iniciativas civiles –más apoyos a las cadenas públicas independientes, a las webs que redirigen hacia Rusia información fiable, etcétera–, para contribuir a pinchar la burbuja desinformativa del Kremlin. Hay que apoyarlas. Se puede ser también soldado de la verdad desde casa.

(Publicado en "La Vanguardia" el 20 de marzo de 2022)