El concierto español de los Rolling Stones, a principios de mes en el Wanda Metropolitano de Madrid, produjo el previsible alud de calificativos hiperbólicos: electrizantes, arrolladores, sublimes, eternos, etcétera. A mí los Stones me producen lo que los anglosajones denominan mixed feelings (sensaciones encontradas). Por una parte aprecio su obra, su destacada aportación a la historia del rock, su vitalidad y su extraordinaria longevidad: se juntaron en 1962, hace ya sesenta años, y siguen en activo, sobre todo Jagger, que no para de correr en escena. Por otra, me parecen a veces patéticos, porque comportarse como jóvenes –Jagger cumplirá en julio 79 años; Richards, en diciembre–, persistir en su rol de banda rompedora y su cartel de satánicas majestades, puede acercarles a la autocaricatura. En ocasiones se les ha calificado de “muertos vivientes” y no de modo totalmente injustificado. A su edad, muchos congéneres han logrado ya el certificado de defunción o, en su defecto, buscan plaza en el geriátrico.
¿Por qué siguen girando los Stones? No es por dinero, desde luego. Es verdad que en la era del negocio digital una canción rinde tres veces menos en la red que en un cedé, y que el negocio está en los conciertos en directo: la gira No Filter, iniciada en el 2017, rindió unos 415 millones de dólares, siendo los Stones quienes se llevaron un mayor pellizco de la recaudación (un 60% de cada bolo, según fuentes del sector). También lo es que las fortunas de sus miembros suman alrededor de 1.500 millones, y bastan por tanto para afrontar la jubilación con razonable tranquilidad.
Se me ocurren otros dos motivos por los que siguen en activo. Primero: a la audiencia global le encanta ver de cerca a sus ídolos (o a sus sustitutos, según van palmando los originales). A algunos les puede la mitomanía, van al concierto como quien asiste a una liturgia religiosa, e irían cada domingo si se pudiera. A otros les rejuvenece, o así se lo parece. Segundo y acaso definitivo motivo: a los Stones les gusta hacer lo que hacen. No solo porque sean artistas y porque, juergas apartes, su vida haya transcurrido en estudios, conciertos y giras de meses de duración. También porque a estas alturas, entre concierto y concierto, reciben allí donde van trato principesco.
 Asociamos las giras a una experiencia extenuante, a bordo de furgonetas que cada noche recorren cientos de kilómetros para enlazar actuaciones en dos ciudades. Pero en el caso de los Stones tienen más de turismo lujoso y privilegiado, con unos conciertos intercalados, que de extenuación. Esta gira europea, bautizada Sixty, tendrá solo catorce conciertos y terminará a fines de julio. El ritmo será pues de un concierto cada cuatro días, muy adecuado y soportable para rockeros casi octogenarios.

(Publicado en "La Vanguardia" el 26 de junio de 2022)