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Casa delante del mar

Arquitectos: Xavier Martí y Lucía Ferrater

Ubicación: Port de la Selva. Paseo de la Platja

 

Algunas tipologías arquitectónicas tienen peor prensa que otras. Por ejemplo, las segundas residencias. Un hospital o una escuela son equipamientos necesarios y siempre bienvenidos. Una segunda residencia, en cambio, no es estrictamente necesaria y puede ser etiquetada de capricho. Sin embargo, es un hecho incontestable que Catalunya está sembrada de segundas residencias. Que han tenido un papel decisivo en la transformación del medio natural. Que probablemente seguirán teniéndolo. Y que, por tanto, es oportuno fijarse en aquellas que, en términos arquitectónicos, aportan una buena solución.

El vigésimo premio de arquitecturas de las comarcas de Girona ha recaído recientemente, ex aequo, en dos segundas residencias: la firmada por Emiliano López y Mónica Rivera en Palafrugell, y la de Xavier Martí y Lucía Ferrater en El Port de la Selva. Hablaremos de esta última, una casa de tres plantas, con acceso por dos calles, situada en primera línea, tan sólo separada del mar por el paseo marítimo y la playa. En semejante posición, una casa debe responder, entre otros, a tres requerimientos: disfrutar del hermoso entorno, crear cierta intimidad en un lugar concurrido y, por supuesto, adecuarse a la fábrica urbana sin renunciar a la contemporaneidad.

La casa que nos ocupa responde acertadamente a tales requerimientos. Su fachada está presidida por un gran ventanal, que atiende al primero; y se compone también con celosías metálicas en sus aberturas de los niveles inferiores, que dan recogimiento y seguridad. La atención al segundo requerimiento se manifiesta en planta, dividida en tres tramos, siendo el central un patio descubierto, pero protegido de la tramontana y de los vecinos, que divide la casa en dos y da cierta autonomía a sus ocupantes. El tercer requerimiento queda satisfecho con una expresividad discreta y el uso del color blanco.

Hace ya más de medio siglo que autores como Coderch o Correa y Milà intervinieron en viejas casas entre medianeras de la vecina Cadaqués y les dieron nuevo uso y otro aire. La obra de Martí y Ferrater sigue esa tradición y no puede ser presentada como una sorpresa o una novedad. Pero se distingue por ser de nueva planta y porque se ha trabajado en ella con contención y entrega. La contención se expresa, por ejemplo, en la selección de materiales: una estructura metálica vista en los interiores, bloques de hormigón para los cerramientos y techos de chapa colaborante. Y la entrega, en un atento seguimiento de la obra, que ha propiciado decisiones ingeniosas –el lucernario que da luz de mañana a la terraza frontal, cruzando la estancia superior– y un acabado homogéneo y limpio. Todo ello contribuye al logro de una obra apreciable, por sus propios resultados y, también, por lo que tiene de depuración de una tipología muy frecuentada, pero no siempre bien resuelta como aquí.

 

(Publicado en "La Vanguardia" el 5 de agosto de 2017)