¡Salvemos al corrupto!

24.11.2013 | Opinión

Salvar es un verbo hermoso. Significa librar a alguien o algo de un peligro. Cuando la integridad, la fortuna o la vida de una persona están en riesgo, a veces aparece un salvador. Y puede incluso ocurrir –para sorpresa de neoliberales- que salve sin pedir nada a cambio. Desde hace decenios abundan las campañas encabezadas con el imperativo “Salvemos…”. El lugar de los puntos suspensivos lo puede ocupar un chalet modernista. O un parque recalificado. O un servicio público recortado. Son campañas para preservar lo que se considera patrimonio colectivo y, de paso, frenar abusos de poder.

La última campaña tipo “Salvemos…” de la que he tenido noticia es distinta. Podría titularse “Salvemos al corrupto Hernández Mateo” y la impulsa el 85% de los diputados populares del Parlamento valenciano, incluido su presidente y el presidente de la Diputación de Valencia. Todos ellos -45 de los 54 políticos que representan en esa cámara al PP- han firmado un papel pidiendo que se indulte al ex alcalde de Torrevieja y ex diputado Pedro Ángel Hernández Mateo, alias “Perico”, condenado por prevaricación y falsedad documental a tres años de cárcel y siete de inhabilitación.

El argumentario de los promotores de la campaña contiene falsos silogismos y frases absurdas. Por ejemplo: “Tienes relación con personas y les tienes aprecio. Piensas que no es justo (que los condenados vayan a la cárcel). Y también: “Hernández mateo no es ningún delincuente”. Lo primero quizás denote confianza excesiva en los efectos del cariño, puesto que bastaría con apreciar a cualquier tipo para evitarle la prisión. Lo segundo es un desafío a la Justicia: ¿acaso no es delincuente un condenado por un tribunal competente?.

La corrupción, que mancha todas las administraciones españolas, casi tiñe la de Valencia. Fue allí donde el presidente Camps intimaba con los capos de la trama Gürtel. Y es allí donde ocho -¡ocho!- miembros del grupo parlamentario popular siguen en el cargo pese a estar imputados. La corrupción ha hecho tanto daño que ha insensibilizado a la población, incapaz de reaccionar ante nuevas afrentar en medida proporcional a su gravedad. Quisiera pues enfatizar que el hecho de que el 85% de los diputados de un partido apoyen públicamente a un corrupto, por delicada que sea su salud, es muy lamentable. Y no tanto porque se solidaricen con él como porque en su calidad de representantes de los ciudadanos lo que logran al firmar ese papel salvador es hacerles partícipes de la corrupción. Cosa rara, puesto que la corrupción, además de minar la moral colectiva, sisa fondos públicos y por tanto es algo que sus víctimas no aplaudirán.

¿Salvemos a Hernández Mateo? No con mi firma, desde luego. Salvémonos –eso sí- de los corruptos. Si no lo intentamos sus damnificados no lo harán ellos: su desvarío crece a diario y ya sólo es comparable a su afán de impunidad.

(Publicado en “La Vanguardia” el 24 de noviembre)