Rebeldes en el Vaticano

28.07.2013 | Opinión

Francisco, el Papa argentino, está siendo escrutado al detalle por los vaticanistas. Cada uno de sus gestos se disecciona y se interpreta. Por lo general, la conclusión del análisis suele ser esta: estamos ante un pontífice rebelde, reformista, más próximo al sentir de la calle que a la pompa de la Curia y, además, ajeno a la coquetería indumentaria de su antecesor Benedicto XVI. Soplarían pues aires de cambio, y los vaticanistas nos invitan a certificarlo. Doctores tiene la Iglesia.

Todos los Papas presentan un perfil propio, que el tiempo va cincelando hasta reducirlo a una o dos ideas. Recordamos a Juan XXIII como un pontífice bondadoso. Pablo VI se asocia a los progresos del concilio Vaticano II. El sonriente Juan Pablo I duró sólo un mes en el cargo y desapareció dejando una estela de misterio. Juan Pablo II fue el Papa que contribuyó a derribar el comunismo y recorrió el mundo cual infatigable misionero… A su vez, Francisco va acreditando un carácter moderadamente respondón, bien recibido en su Latinoamérica natal, gran semillero del catolicismo actual. En ocasiones, ese carácter se manifiesta sin tapujos, como el día en que dejó plantada a la Curia, que había organizado un concierto en su honor, y se quedó en casa trabajando. En otras, con iniciativas que quizás rezumen ecumenismo, pero que son opinables. Me refiero, en particular, al encuentro del Papa con los motoristas que a lomos de rugientes Harley Davidson se acercaron al Vaticano mediado junio. La imagen del Papa bendiciendo a los modernos centauros fue interpretada por sus exégetas como una nueva prueba de cambio y modernidad. Pero, sin ánimo de incordiar, apuntaré que la escena admite otra lectura: el departamento comercial de la firma de Milwaukee le metió un gol al Papa. Sí, ya sabemos que el rebaño del pontífice admite a todos los humanos, incluyendo a los más recalcitrantes usuarios de las Harley, que en su día retrató Hunter S. Thompson en “Los Ángeles del Infierno”. (E incluyendo también a los que prefieren motos japonesas, auténticos herejes a ojos de los “harleyistas”. Aún así, las palabras de Mark Hans Richer, responsable de márketing de Harley, son reveladoras: “La promesa que hacemos a nuestros clientes es ofrecerles una experiencia única en la vida, algo que pocas otras marcas son capaces de darles”.

A primera vista, también el Papa podría afirmar algo parecido, sustituyendo “clientes” por “fieles” y agregando el adjetivo “eterna” tras el sustantivo “vida”. Ahora bien, el propósito papal trasciende este valle de lágrimas, y el de Harley Davidson es sólo terrenal: se trata de vender motos a los muchos burgueses de orden que el fin de semana gustan de vestir cazadora de cuero y montar en la moto para fantasear que emulan un rato a los “asociales” de “Easy Rider”. Confío en que la rebeldía de Francisco sea mayor y de más solidez. Porque para cambiar el Vaticano –y su banca– le hará falta mucha.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 28 de julio de 2013)