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Nueva Escuela Massana

Arquitecto: Carme Pinós

Ubicación: Plaza de la Gardunya. Barcelona

 

Carme Pinós ha disfrutado de un privilegio infrecuente: edificar una plaza en Barcelona. No una plaza menor y recoleta, fruto del derribo de una isla de casas en un barrio denso. Pinós recibió hace más de diez años el encargo de renovar la plaza de la Gardunya, redefiniendo la arquitectura de tres de su lados y conservando tan sólo el cuarto: una fachada posterior del antiguo Hospital de la Santa Creu

La intervención de Pinós en la trasera del mercado de la Boquería se resolvió con el añadido de unos pórticos metálicos que rebajan la cota de su cubierta y ofrecen protección del viento y la lluvia. La intervención en el lado norte de la Gardunya se concreta en un edificio con una cincuentena de viviendas, de geometría particular pero escala doméstica, que estará atravesado por un pasaje. Frente a él, prácticamente terminada –se entrega dentro de un mes y entrará en servicio el próximo curso-, se alza la futura sede de la escuela Massana, ahora todavía instalada en el vecino hospital.

La mejor manera de descubrir la nueva Massana es accediendo a la Gardunya por la calle Carme y los jardines Dr. Fleming. Quienes lleven tiempo sin efectuar este recorrido descubrirán de sopetón un singular e imponente volumen. La primera impresión puede ser de sorpresa. Estamos hablando de un gran cuarto dispuesto en horizontal, revestido de lamas de cerámica de color ladrillo, para preservar la intimidad de las aulas con vistas a la plaza (convertida en área de picnic por los turistas que compran frutas y zumos en la Boquería). Pero, según se va observando, este edificio de 11.000 metros cuadrados construidos desvela sus cualidades. Por ejemplo, el dinamismo de la fachada (reflejo de los os volúmenes en ele, maclados, que lo integran). O los balcones que la salpican, configurando espléndidos miradores sobre la plaza. O, ya en el interior, una sensación de transparencia que es omnipresente y diluye cualquier idea de cerrazón.

Pinós suele decir que en sus edificios se entra saliendo, que nada más ingresar en ellos se hace presente el exterior. Serían, pues, construcciones aptas para claustrofóbicos. En la nueva Massana esta impresión es clara. La entrada se realiza por un lateral vidriado de cinco alturas, que da acceso a una calle interior, también de cinco plantas. Esta calle divide en dos partes el edificio, unidas por pasarelas escalonadas, de perfiles angulosos y eje no coincidente. El gesto de estas escaleras es duro. Pero su función, además de la conectiva, es luminosa: conducen hacia balcones y terrazas, de la misma manera que una rampa curvada, en la planta baja, conduce hacia un espacioso patio inglés que ilumina la biblioteca del centro.

A diferencia de su sede actual, con limitadas vistas al jardín hospitalario, la nueva Massana busca y halla de continuo el exterior y la luz, mediante ocho amplias balconadas en fachadas, cinco terrazas –la superior, con vistas espectaculares sobre Barcelona-, el citado patio inglés y numerosos lucernarios… Algunos edificios pesan sobre sus usuarios como una losa. Dentro de la Massana, en cambio, la sensación es de apertura y libertad. Sin duda, la más apropiada para una escuela como esta.

 

(Publicada en “La Vanguardia” el 25 de abril de 2017)