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San Giacomo Apostolo

Arquitecto: Benedetta Tagliabue - Miralles Tagliabue EMBT

Ubicación: Ferrara (Italia). Via Arginone, 165 

La Conferencia Episcopal Italiana convocó hace diez años tres concursos para levantar otras tantas iglesias. Buscaba propuestas contemporáneas, que sugirieran la vitalidad de su fe bimilenaria. Y eso debía conseguirse mediante una arquitectura de autor y, también, con la contribución de un creador plástico que se aviniera a ilustrar la liturgia cristiana.
Uno de los tres concursos, el de la iglesia de San Giacomo Apostolo, en Ferrara, fue ganado por Benedetta Tagliabue, arquitecta italiana afincada en Barcelona, que acometió la aventura junto al pintor Enzo Cucchi, afamado desde los años de la transvanguardia.
Ferrara es una ciudad caracterizada por monumentales y sólidos edificios de ladrillo, como su Palazzo Municipale. La iglesia de San Giacomo, consagrada el pasado 16 de octubre, usa también ladrillo en fachada. Pero la plaza de acceso rodeada de altos chopos, su planta circular y su cubierta radial con voladizos ondulantes (con forma de viejas bóvedas) le dan un aire distinto, más ligero y festivo, y un volumen que puede evocar el de una peculiar carpa circense.
Dicha sensación de ligereza se ve sustituida, al entrar en el templo, por otra. Los muros curvos de hormigón, la posición central del altar bajo un lucernario circular, las visuales hacia el baptisterio y el Santísimo producen en el visitante algo parecido al “efecto guau”: una experiencia espacial conmovedora. Este efecto se ve potenciado por una enorme cruz de madera, armada con centenarias vigas recuperadas de dependencias municipales, que atraviesa de lado a lado el templo y evoca el pasado y la tradición, también cierto misterio.
Sobre los muros interiores de la iglesia se suceden e integran las intervenciones de Cucchi, en buena parte piezas cerámicas negras en las que confluyen la abstracción con los requerimientos figurativos de la liturgia. Adosado a la iglesia, a modo de cola, se dispone un cuerpo con aulas, despachos y demás servicios que integran este complejo parroquial.
En el capítulo de mobiliario, Tagliabue ha diseñado piezas de madera –un atril, un sillón para el oficiante, peanas para santos–, acaso demasiado robustas y llamativas en una atmósfera que aspira a cierta esencialidad, y que además colisionan con unos bancos y sillas para la feligresía de procedencias y formas dis-pares.
Una iglesia no es un edificio más, porque se le pide que cumpla su función y la trascienda; que contribuya, estáticamente, a difundir su credo y a cohesionar a su comunidad. Como dice Eloi Aran en Cap a una arquitectura de l’esperança (Pagès editors, 2012), solo así se verifica lo que Marshall McLuhan dijo a propósito de la comunicación en la aldea global: el medio es el mensaje. Es decir, solo así cumple su función un edificio eclesial. Como la cumple el de San Giacomo Apostolo en Ferrara.

(Publicada en "La Vanguardia" el 28 de noviembre del 2021)