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Noticias en la Gran Vía

05.10.2013 | Crítica de arquitectura

Algunas calles tienen carácter propio. Por ejemplo, la Gran Vía de Madrid, cuya construcción se inició hace algo más de un siglo, en 1910, y se ultimó tras la Guerra Civil. En esta arteria predominan los estilos historicistas, con ecos neorrenacentistas o neobarrocos, y abunda la ornamentación en fachada. Tan consolidada está la identidad de esta calle que, a la hora de intervenir en ella, un arquitecto podría dudar entre inclinarse por el mimetismo o por un lenguaje contemporáneo.

Rafael de La-Hoz ha tenido muy claro que la segunda opción era la conveniente, de modo que su edificio en el número 48, frente a piezas tan características como el cine Callao de Gutiérrez Soto y el cine Capitol de Feduchi/Eced, o junto al Palacio de la Prensa de P. Muguruza, es de factura actual y por tanto disonante con el entorno.

La historia de esta finca ha sido agitada. En 1931 Muñoz Casayús proyectó allí el hotel Nueva York, en cuya planta baja S. Ularqui ubicaría un cine (el Actualidades, de aire decó), como correspondía a este tramo de la Gran Vía denominado el Broadway madrileño. Dicho volumen fue demolido parcialmente en los 60, transformado en banco y revestido con un anodino muro cortina de vidrio. Entrado el siglo XXI, desaparecido el banco y vendida y revendida su sede en tiempos de burbuja inmobiliaria, el edificio fue de nuevo parcialmente demolido para transformarlo en viviendas, segregándose su proyecto en dos: el de la fachada y el de los interiores.

En esta nota nos centraremos en la fachada, por lo que tiene de ejercicio arquitectónico al servicio de la ciudad. A primera vista, el proyecto de La-Hoz se concreta en un muro cortina sobre el que se superpone una retícula de estilizadas pilastras de granito, que dan cierto movimiento y profundidad a la fachada. Esta intervención ha recibido críticas, debido al modo en que manifiesta su contemporaneidad. Sin embargo, un análisis detenido sugiere que lo que ha hecho su autor ha sido emular los ritmos de la Gran Vía, sin necesidad de calcarlos. Por ejemplo, ha rebajado la altura que tuvo el banco para enlazar con la línea de cornisa de la finca vecina. Ha coronado su intervención con un volumen que dialoga con el templete del vecino Palacio de la Prensa y favorece, por tanto, el juego rotular requerido por la Gran Vía en este punto de inflexión. Y ha dibujado su celosía atendiendo al orden de doble planta apreciable en construcciones colindantes. En suma, estamos hablando de un ejercicio de “politesse” arquitectónica, cuya resolución formal podrá discutirse, como todo en esta vida, pero no así la atención prestada por La-Hoz a este rincón de Madrid cargado de historia y –así lo deseamos– también de futuro.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 5 de octubre de 2013)