El Academy Museum, que reúne la memoria creativa de Hollywood en un edificio de Renzo Piano, abrirá el día 30. Será una de las grandes inauguraciones museísticas del año. Pero no la única. El 22 de mayo el magnate François Pinault estrenó en la Bourse de Commerce de París, reformada por Tadao Ando, un museo donde exhibe parte de sus 5.000 obras de arte contemporáneo. (Y, de paso, mantiene el pulso con Bernard Arnault, impulsor de la Fondation Louis Vuitton, diseñada por Frank Gehry). Hay más: el 22 de octubre se inaugurará en Oslo el Museo Munch, dedicado al pintor homónimo, gloria nacional noruega, en un edificio que firman Juan Herreros y Jens Richter…
Los museos molan. Al poeta ruso Vladímir Mayakovski le parecían un horror, casi un cementerio: “No necesitamos museos de arte para adorar obras muertas –proclamaba–; necesitamos factorías del alma en las calles, los tranvías, las fábricas, los es­tudios y las casas de los obreros”. Pero el paso del tiempo no le ha dado la razón. Se la ha dado a Andy Warhol, que comentó: “si lo piensas un poco, los museos son como unos grandes almacenes”. O sea, que estan llenos de gente y que su contenido, aunque no se venda, es un atractivo para la ciudad donde se levantan.
Debe de ser así, porque la lista de nuevos museos crece y crece. Ahora se ultima el Gran Museo Egipcio, que debe abrirse en El Cairo. E incluso es posible que el año que viene arranque en Madrid el Museo de las Colecciones Reales, cuya edificación se inició hace tantos años –quince– que ha sobrevivido a Luis Mansilla, su coautor con Emilio Tuñón.
La fiebre museística se extiende más allá de estas venerables instituciones. Alcanza a otras más humildes. Días atrás supimos del plan para musealizar las Viviendas Baratas del Bon Pastor. Como antes supimos de la conversión de la lóbrega Modelo en cárcel musealizada, y no para seducir al público con su belleza, sino para avivar la memoria de quienes pasaron por tales equipamientos.
Es lo que hay. Antes decías “museo” y unos imaginaban una colección de obras clásicas. Ahora dices “museo” y otros se figuran un espacio en el que se evoca a obreros como los de Mayakovski, a penados y a demás peatones de la historia. Unos y otros son museos distintos, sí. Pero acaso a todos les aguarde un negro futuro. La pandemia diezmó las tropas turísticas que los llenaban. El Louvre pierde ahora diez millones de euros al mes. Dice Peter Keller, director del ICOM, que hasta el 30% de los museos pueden cerrar debido al virus que antes mata el turismo.
Así las cosas, y dado que el arte más consolidado ya está en museos de referencia, cabe aconsejar a los nuevos promotores museísticos, con la mayor modestia, que se lo piensen bien antes de abrir otro.

(Publicado en "La Vanguardia" el 5 de septiembre de 2021)