Montoro y el coste cero

09.10.2016 | Opinión

Cristóbal Montoro es uno de los ministros más apreciados del Gobierno. Como responsable de Hacienda, encarna la figura del gran recaudador, tan querida por el contribuyente en general. Y, en el sector cultural, ha sabido cultivar amigos para siempre, gracias a sus recortes, su cerrada defensa del IVA cultural, su torpedeo de la ley del Mecenazgo y sus reiterados choques con el ministerio de Cultura. Con este perfil, podría echarse ya a dormir en los laureles. Pero Montoro debe creer en la superación personal. E incluso la practica, como hemos comprobado recientemente al enterarnos de que las partidas presupuestarias para los premios Nacionales de Cultura y para el premio Cervantes estaban bloqueadas.

No dudo que el ministerio de Hacienda habrá hallado razones técnicas para esta medida. Pero añadiré de inmediato que justificarla, ni que sea por pasiva o transitoriamente, equivale a dispararse en el pie. ¿Por qué? Pues porque nadie comprenderá que se pongan en cuestión galardones tan significativos. Y porque nadie se cree que, finalmente, vayan a dejar de concederse o de dotarse como corresponde.

Montoro no se hace un favor al aparecer como instigador último de este alarde de cicatería institucional. No se lo hace tampoco al Gobierno en el que se integra, que ya tiene sobredosis de líos y no necesita más. Desaira, de paso, a la gran figura de las letras españolas, que vivió en precario y se ganó una posteridad tranquila. Y desaira, también, a los futuros ganadores de los premios, cuya contribución a la cultura del país merece, según se infiere, menor recompensa que la de sus predecesores en el palmarés.

Este episodio podría –y debería– haberse evitado. No le reporta nada bueno al PP. Entonces, ¿por qué lo ha tolerado? Voy a aventurar una hipótesis: a estas alturas de la historia, el PP debe creer que toda torpeza le está autorizada y que todo lo que hace tiene un coste político cero y no amenaza en absoluto su posición. Ha descubierto que puede llevar a cabo una grave devaluación interior y seguir ganando comicios. Que puede empalmar elecciones, sin formar gobierno, hasta que sus rivales se enzarcen en rencillas intestinas, se autolesionen y despejen el camino. Ha inducido a los altos tribunales a resolver las papeletas que debiera haber resuelto él con un coraje político del que carece. Y esta semana sus abogados han exhibido el cuajo necesario para pedir que se suspendiera el juicio del caso Gürtel, con argumentos similares a los de los corruptos por cuenta propia que se sientan en el banquillo.

¿Tiene todo esto coste electoral para el PP? La experiencia indica que no. Así las cosas, quizás esté cundiendo entre sus mandatarios la sensación de que pueden hacer siempre lo que les dé la gana. Lo cual equivaldría a incurrir en una –otra– gran irresponsabilidad. Tan grande como la de una parte mayoritaria del electorado español, dispuesto a pasárselo todo por alto.

(Publicado en "La Vanguardia" el 9 de octubre de 2016)