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Modesto y sorprendente

30.06.2013 | Crítica de arquitectura

Espacio transmisor del túmulo/dolmen megalítico
Arquitecto: Toni Gironès
Ubicación: Seró (Lleida)

Toni Gironès se va acreditando, obra a obra, como el cabeza de fila de una corriente arquitectónica que aúna sintonía con el territorio, imaginación, rigor presupuestario extremo y experiencia sensorial. Así lo confirma su reciente Espacio transmisor del túmulo/dolmen megalítico de Seró, un trabajo tan modesto como sorprendente.

El objeto de esta obra es dar cobijo a unas estelas de cinco mil años de antigüedad halladas en este municipio leridano en 2007: siete piedras con bajorrelieves geométricos y un halo de misterio. Para su construcción, Gironès se inspiró en las estructuras de hormigón donde se almacenan pacas de forraje –“partenones”, les llama– y en las edificaciones de ladrillo, ambas habituales en la zona: pura sintonía con el territorio. En el capítulo imaginación, diremos que Gironès reflexiona más que la mayoría de sus colegas sobre el uso insospechado de los materiales constructivos tradicionales. Los “geros” y mallazos le sirven para pavimentar espacios exteriores; los varillas de acero corrugado que vertebran el hormigón armado, para construir pasarelas, pasamanos y balcones (a veces demasiado temblorosos); las bandejas cerámicas que suelen colocarse entre viguetas, para pavimentar; los botelleros cerámicos, como celosía de cerramiento; y las botellas de vino, como ingeniosas cámaras de aire colocadas en dichos botelleros/celosía.

Capítulo rigor presupuestario extremo: el precio ejecución material de esta obra de 500 metros cuadrados construidos ha sido de 350.000 euros. No digo más.

Y, en lo tocante a la experiencia sensorial, apuntaré que el recorrido hacia la “sala de las almas” donde descansan las piedras milenarias se realiza entre celosías por un pasillo y una doble espiral cuadrada –una de entrada, otra de salida– y logra un efecto impresionante. Las gravas de diverso grosor van modulando el ruido de las pisadas, los juegos de luz crean una atmósfera especial, los sonidos y olores del campo se cuelan en el recinto y, cuando el visitante llega a las siete piezas, bañadas por luz cenital, el tiempo parece detenerse.

Esta obra de Gironès es de usos variados: incluye un espacio social con zona para catas de vino –estamos en Costers del Segre–, una gran sala polivalente, otra museística y el recinto de las estelas. Pero podría definirse también como un programa que propone dos estimulantes “prommenades architecturales”: la de acceso, que parte de la plaza de la báscula de Seró, y desciende por techos y pasarelas hasta la entrada de la instalación; y la que conduce a su corazón –las estelas– para, a continuación, volver al exterior y recuperar el hermoso paisaje circundante.

A primera vista, esta pieza de Gironès parece a medio terminar. Sin embargo, según se comprueba al visitarla, encierra un completo, sutil y emotivo ensayo arquitectónico.

 

Foto de Aitor Estévez

(Publicado en “La Vanguardia” el 30 de junio de 2013)