Madrid en el diván

14.10.2013 | Opinión

Madrid se ha tumbado en el diván. La capital de España está alicaída. El madrileño que pasee de noche por la plaza Mayor –paraíso de la “relaxing cup of café con leche”– se arriesga a tropezar con treinta indigentes durmiendo entre cartones. Y el que fije su mirada en el horizonte quizás no vea nada estimulante. ¿Por qué? Pues porque el fiasco olímpico ha dejado a la ciudad sin norte. Porque la deuda municipal cabriolea sobre los 7.000 millones de euros. Y porque los recortes municipales arrasan y el turismo bajó un 22%.

Un reportaje de cuatro páginas en “El País” certificaba el pasado domingo esta depresión. Se titulaba “La decadencia de Madrid” y, tras enumerar varios síntomas, formulaba un diagnóstico: Madrid no tiene proyecto, está descabezada y se dispone a cambiar leyes para favorecer intereses económicos sospechosos. ¡Ay!

Madrid y Barcelona están enredados, de antiguo, en una cansina rivalidad. O sea que quizás algunos de por aquí –los del sector tonto– sientan la tentación de regocijarse ante la desgracia ajena. Total, seguimos abriendo hoteles, la deuda municipal es entre seis y siete veces inferior a la madrileña y, además, ya organizamos unos Juegos. Pero lo sensato no es hacer eso, sino preguntarse por las conductas que han postrado a Madrid. Por ejemplo, preguntarse por qué debe tanto. Y responderse que porque la capital engordó a lo bruto con obras faraónicas y quimeras neoimperiales, como si fuera una res y su alcalde le diera clembuterol. O preguntarse por qué Barajas flaquea. Y responderse que porque quienes le reservaron Iberia y dejaron las “low cost” en El Prat, creyendo que favorecían a Madrid, se equivocaron. O preguntarse por qué Madrid volvió a perder los Juegos. Y responderse que la crisis, el dopaje y la tozudez no eran un buen aval, y que los representantes enviados a Buenos Aires clavaron el último clavo en el ataúd de esta ilusión colectiva.

Tras estos tres hechos hay decisiones de altos agentes políticos y económicos, que son los responsables del bajón capitalino. Si la dolencia está diagnosticada y los patógenos identificados, sólo queda ya proponer tratamiento. Y, a lo mejor, este debería pasar por el merecido descanso de tipos como Gallardón, Aguirre o González, que se ufanan de ultraliberales pero han intervenido en Madrid a saco, compinchados con un poderoso conglomerado financiero-especulativo.

Las urbes no avanzan gracias a jerarcas cuya torpeza paga la gente (y no ellos, que siguen de ministros o aspiran a más), sino a ciudadanos dados a aportar ideas y esfuerzo antes que a medrar en la Administración. Y avanzan también, como Madrid con la Movida, cuando el presente huele a pasado y exige un cambio. Esta es, al fin, la buena noticia: Madrid precisa ahora, como entonces, otra cultura política y un buen meneo que propicie reportajes titulados “El resurgir de Madrid”. Cuanto antes, mejor.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 14 de octubre de 2013)