Los mejores y los peores

28.08.2016 | Opinión

En su cuna ateniense, la democracia se asoció al gobierno de los mejores. En tiempos de Solón o de Pericles, una cosa y la otra eran lo mismo. Al gobierno de los mejores se le llamó aristocracia, término que funde dos conceptos griegos: aristos, el mejor, y kratos, la fuerza (o el poder o el gobierno). Hubo antes –y después– otras aristocracias, fundadas en privilegios familiares. Pero la gran aristocracia, sinónimo de democracia, fue la administrada por los humanos más capacitados, intelectual y éticamente; por “los sabios y los probos”, según precisó Sócrates.

Con los años, el concepto de aristocracia, como el de democracia, ha ido evolucionando a peor. Durante siglos, los países poderosos estuvieron gobernados por una aristocracia de cuna, envuelta en oropeles, pero que ya no siempre garantizaba el gobierno de los mejores.

Esa expresión, “el gobierno de los mejores”, ha llegado hasta hoy, aunque en versión voluntarista o fantasiosa. Tras ganar la presidencia de la Generalitat en el 2010, Artur Mas afirmó que formaría el gobierno de los mejores. Y no faltó quien le creyó. Recientemente (algo antes de deprimirse), también el líder de Podemos aventuró que estaba en condiciones de formar un gobierno de los mejores.

La experiencia nos permite afirmar ahora que el Govern de Mas no fue el de los mejores ni, de lejos, un ejemplo de espíritu ático. Y sospecho que el de Iglesias tampoco lo sería, aunque, no habiéndose constituido, esto es sólo una suposición.

Cierta ley no escrita dice que todo puede empeorar. Por no abundar en la escena local, ilustraré dicha ley con un ejemplo de la campaña estadounidense. Días atrás, una columnista de The Wall Street Journal, diario nada sospechoso de progresismo, repescaba el concepto kakistocracia, acuñado en el siglo XX, para referirse al gobierno que tendría su país si Donald Trump llegara a la Casa Blanca. Añado de inmediato que kakistocracia (de kakos, superlativo de malo, y kratos) es exactamente lo contrario de aristocracia: el gobierno de los peores. Según precisa el Dictionary of Sociology, de Frederick M. Lumley, kakistocracia es “la organización gubernativa controlada y dirigida por gobernantes que ofrecen toda la gama [de lo peor], desde ignorantes y matones electoreros hasta bandas y camarillas sagaces, pero sin escrúpulos”.

¿Cómo explicarles a nuestros hijos que a lo largo de veinticinco siglos de evolución hemos pasado de las leyes liberadoras de Solón a la grosera amenaza de Trump? Hay varias respuestas a esta pregunta, pero sólo daré una: porque el afán de notoriedad y poder de tipos como Trump es inversamente proporcional a su idoneidad para la presidencia, y porque, en paralelo, la educación y la sensatez del conjunto de los votantes va decayendo según progresan sus intereses más superficiales e irreflexivos.

He aquí un problema que da pavor, porque el buen gobierno hace mejores a los ciudadanos, y el malo los hace peores.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 28 de agosto de 2016)