A veces sueño unas campañas electorales sin mítines de estética Gürtel, sin proclamas altisonantes, sin promesas luego incumplidas. Campañas en las que el insulto al rival ceda paso al compromiso fiscalizable por la ciudadanía. Campañas más baratas, en las que los partidos se limiten a colgar su programa en internet y a pegar cuatro carteles. Con eso basta para decidir el voto. Sobre todo, con los programas. Pero como los que se nos ofrecen ante el 21-D son desiguales, y algunos muy imprecisos y subordinados a la circunstancia personal del cabeza de lista, me conformaré aquí con analizar los carteles.
ERC. En el cartel de ERC destaca el lema “La democràcia sempre guanya”, sobre una foto de Junqueras que no disimula la asimetría de sus párpados. Dicho lema es una obviedad, salvo en las dictaduras. Pero no carece de intención: pretende identificar la propuesta de ERC con la democracia. Como si ERC fuera su único paladín. Eso es falso, por más que ERC ataque a la democracia española por frenar el ilegal 1-O, y ensalce la propia pese a actuar sin mayorías suficientes y quebrar la ley. Hay otra lectura de este lema: da por hecho que ERC ganará.
Junts per Catalunya. En el cartel de JxC leemos “Puigdemont, el nostre president”, sobre su foto con abrigo, jersey de exiliado y corbata semioculta, eco institucional de un político en fase rebelde. El lema no engaña: de lo que se trata es de que gane Puigdemont, el presidente que quiso llevar Catalunya a la preindependencia pero la devolvió a la preautonomía, averiando la convivencia y la economía catalanas. En circunstancias normales, estos logros exigen dimisión y retirada. En las nuestras, son trampolín al martirologio y el desafío verbal. ¿Ese es el “nostre president”? ¿O el suyo? Este cartel ha sido criticado además por su sospechoso parecido con el de Catalunya En Comú Podem. También se parece en algo al de Junqueras: Puigdemont no mira a los ojos al votante.
Ciudadanos. “Ara sí votarem”, sobre la imagen juvenil de Arrimadas, entre el fondo naranja y el corazón con las banderas catalana, española y europea. O sea, bocadillo de candidata con doble ración de marca. El lema es flojo: dice que ahora votaremos de veras, como si no lo hiciéramos unas tres veces –generales, autonómicas, municipales– cada cuatro años, o cada menos, vista la querencia catalana por adelantarlas. Además, ha habido consultas extra. ¿Por qué dice pues Arrimadas “Ara sí votarem”? Para subrayar que las consultas del 9-N o el 1-O no eran vinculantes ni la del 27-S,  un plebiscito. Eso los indepes, entre los que no rascará un voto, ya lo saben. Los suyos, también.
PSC. Busto de Iceta con senyera sobre fondo blanco, junto al lema “Solucions ara, Iceta!” en mayúsculas rojas. La apuesta personal es clara: ningún otro lema incluye el nombre del candidato. Acaso porque ninguno ha defendido tanto las virtudes de la política catalana –seny, racionalidad, pactismo– durante el proceso soberanista. No es la mejor foto de Iceta, que suele exhibir naturalidad y aquí luce un rictus por sonrisa. El lema está bien orientado. Mira adelante, prioriza las soluciones y las asocia a su persona. Pero el signo de admiración induce a confusión. Si su tamaño superior sugiere que puede desdoblarse –“Solucions! Ara, Iceta!”–, el efecto es pertinente. Si se lee como único –“Solucions ara, Iceta!”– parece apremiar a un remolón.
PP. García Albiol, junto a militantes y banderas españolas, sobre el lema “España és la solució”. Su expresión es sonriente, y no adusta y chuleta, como la que usa para verbalizar trabajosamente sus zafias descalificaciones. Aunque, como sus némesis Junqueras y Puigdemont, tampoco mira de frente. El lema tiene más de idealización que de realidad. De hecho, España no es la solución, sino parte del problema. El hashtag añadido –LaSolucióÉsPP– resulta redundante y forzado.
Catalunya En Comú Podem. Domènech, en bicolor, junto al lema “Tenim molt en comú”. Su sonrisa es franca. Su lema busca la empatía del votante. Es el único cartel que especifica la condición de “candidato a la presidencia” de su titular, quizás para vo­cearla más tras  sondeos adversos. Como el de Puigdemont, renuncia a la policromía sin apostar por el dramático blanco y negro: queda desleído, sin garra.
CUP. Carteles sin rostro de candidato con el lema “Dempeus!” y el mensaje de que no recularán. Unilateralidad y contumacia en lo radical. 
Si algún lector ha llegado hasta aquí, quizás me reproche: “Mucho criticar, pero… ¿se le ocurre algo mejor?” Pues un lema que señale la gran prioridad en Catalunya hoy, tipo “Reconstruyamos la convivencia y la economía”. ¿Cómo? Aplicándose a los candidatos la receta de Amiel para la democracia: más sabiduría y menos orgullo.

(Publicado en "La Vanguardia" el 10 de diciembre de 2017)