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Lo nuevo en lo viejo

18.05.2013 | Crítica de arquitectura

Medialab Prado

Arquitectos: María Langarita, Víctor Navarro

Ubicación: Madrid, Plaza de las Letras

María Langarita y Víctor Navarro, nacidos en 1979, ganaron a fines de abril la Mención Especial Arquitecto Emergente del Premio Mies van der Rohe. La lograron con su Nave de Música Matadero en Madrid, inaugurada como Red Bull Academy, donde casi pesa más el criterio urbano que el arquitectónico. En esta obra innovadora, ubicada dentro de un viejo equipamiento, emplearon materiales baratos: sacos de arena, contrachapado de madera industrial y estructural metálicas prefabricadas. Iba a ser una instalación efímera, pero dos años después de su apertura sigue operativa.

El Medialab Prado, abierto el pasado abril, es otra prueba de los talentos de Langarita/Navarro a la hora de insuflar nueva vida en viejos edificios, que adaptan a funciones de nuestros días. Esta vez han actuado en lo que fueron talleres y almacenes de la Serrería Belga, dos naves de tres plantas, que figuran entre las primeras estructuras de hormigón armado de la capital, y se levantan tras CaixaForum. El objetivo era aquí habilitar un laboratorio de 4.000 metros cuadrados para producción, investigación y difusión de proyectos culturales que tienen su soporte en las redes digitales. Casi una paradoja: un equipamiento de última generación auspiciado por el Ayuntamiento de la alcaldesa Ana Botella.

La intervención de Langarita/Navarro en las dos grandes naves ha consistido en sanear y poner en valor la vieja estructura, habilitando unos espacios abiertos, flexibles, versátiles, en los que se incluyen módulos de madera desmontables, envolviendo servicios o talleres. Pero su aportación más característica es un cuerpo situado en el pórtico, también de

hormigón, que relaciona las citadas naves. Allí han construido lo que denominan “la cosa” o, con mayor precisión, “una escalera que busca espacios de oportunidad”. Este artefacto, de geometría imprevisible, con escalinata de verde fosforescente y algunos grandes ventanales, está suspendido del citado pórtico, revestido de material textil, y es en sí mismo un heraldo cambiante de las actividades del Medialab. Sobre su piel se pueden suceder experimentos digitales y cambios de color, acaso sólo superados por los de la pantalla de leds -10 por 15 metros- que da a la plaza de las Letras y emite un destello de contemporaneidad ante el Madrid antiguo.

En suma Langarita/Navarro se acreditan en este Medialab Prado, al igual que antes en la Red Bull Academy, como adelantados de una línea de producción arquitectónica que, en sintonía con las últimas corrientes digitales, también con imaginación, arrojo y un repertorio expresivo sorprendente, dotan de nueva vida viejas edificaciones.

Foto de Miguel Guzmán

(Publicado en “La Vanguardia” el 18 de mayo de 2013)