Isabel Díaz Ayuso convocó las elecciones anticipadas del 4-M con este argumento: “no quiero que Madrid pierda su libertad”. Luego añadió: “Hoy disfrutamos una libertad y unos derechos que no se tienen en toda España”. Y remató: “Quiero que los madrileños elijan entre socialismo y libertad”.

Ayuso nos quiere vender libertad y se presenta como si fuera su representante comercial exclusiva para Madrid y toda la península. Primero fue lo de “socialismo o libertad”. Luego, cuando Pablo Iglesias anunció su candidatura, contraatacó con su “comunismo o libertad”. Y, como sueña en la Moncloa, retocó esos lemas y los convirtió en “sanchismo o libertad”. Ayuso remata sus anuncios de campaña con las palabras Isabel Díaz Ayuso Libertad, como si la libertad fuera su tercer apellido, y ella, su encarnación.

Cada cual es libre para intentar vender lo que quiera. Algunos se creen incluso autorizados a vender aquello que no es suyo, o de lo que se han apropiado irregularmente. Por ejemplo, los peristas. O Ayuso. Y el resto somos libres para no comprarlo. Cada vez que oigo la monserga de Ayuso recuerdo a los operadores de un call center remoto que llaman a casa para endosarme un producto o un servicio que ya tengo. Le diría a Ayuso lo que les digo a ellos: no, gracias, estoy servido, no necesito su oferta, que además parece de baja calidad y poco fiable.

La libertad ya nos la garantiza, y con más fundamento, la Constitución. ¿En que se basa la popular para autoproclamarse garante de la libertad? ¿En que abre los bares para que a los madrileños no les falten sus cervecitas? ¿Prueba eso que la libertad de un madrileño es mejor que la de un palmesano o un donostiarra? No lo dirá en serio, ¿verdad?

Por mucho que Ayuso quiera privatizarla, siguiendo la doctrina Aznar, la libertad no es suya. La libertad es lo que le permite a ella pensar –o al menos decir– lo que dice, y la que permite a sus rivales adoptar, con igual legitimidad, otra posición. La libertad ante las urnas es la facultad que tiene cada ciudadano, de cualquier ideología, para votarla a ella el 4-M o para no votarla jamás, por más gintonic y/o chinchón que haya ingerido tras las cervecitas. Disculpen la obviedad, pero cuando se repite tantas veces un embuste hay quien se lo cree.

¿Qué ve Ayuso cuando se mira en el espejo? Acaso vea a una Agustina de Aragón de nuestros días, braceando desinhibida en su mar de inconsistencia, plantando cara a los supuestos liberticidas (que nunca pactarían, como ella, con Vox, recortador vocacional de derechos y libertades). ¿Y qué ven otros en Ayuso? Pues a una populista con más ambición que luces, bajo cuya gestión temeraria de la pandemia Madrid se ha convertido en la autonomía española con mayor cuota de hospitalización (26,4%), tanto absoluta como relativa. O sea que cuidado con las libertades que se toma Ayuso. Y basta ya de lemas huecos y engañosos.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 18 de abril del 2021)