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ondation LUMA
Arquitectos: Gehry Partners
Ubicación: Arles (Francia). Parc des Ateliers. 33, Av. Victor Hugo

Una de las inauguraciones más sonadas de este verano, al menos en términos mediáticos, es la de la sede de la Fondation LUMA, en Arles (Francia). En términos arquitectónicos, supone una prueba de la vitalidad y la incansable inventiva de Frank Gehry, que cumplió 92 años en febrero, pero de quien Arles espera un regalo similar al que hizo a Bilbao hace ya casi un cuarto de siglo, con la apertura del Guggenheim en 1997.
El arquitecto de origen canadiense levantó en la capital vizcaína un museo que es en sí mismo una obra de arte: un escultórico torbellino de titanio, que evoca el pasado industrial de la ciudad y la ha proyectado hacia un presente de regeneración urbana y economía terciaria. Tal fue el éxito de la operación que políticos y promotores culturales de numerosas ciudades llamaron después a la puerta de Gehry para intentar replicarla. El arquitecto respondió siempre a tales llamadas con gran libertad, generando obras como la Fondation Louis Vuitton en París, que evoca el velamen de un barco, o el abortado proyecto museístico para Andorra –una torre abstracta, revestida no de acero, sino de lo que parecía carbón–, que anticipó en parte el de Arles.
Las fuentes de inspiración que admite Gehry en la definición formal de su nueva obra son básicamente tres: la herencia clásica de Arles –que fue capital provincial del imperio romano y conserva espléndidos edificios como las Arenas o el anfiteatro–, la obra de Van Gogh –que firmó allí algunas de sus mejores telas– y el vecino macizo de Les Alpilles, cuyas formaciones rocosas se yuxtaponen de modo dramático. He aquí tres ingredientes de orígenes diversos –uno cultural, uno artístico y otro mineral–, y por tanto de aventurada síntesis, incluso para un despacho como el de Gehry, que ha ideado sofisticados y programas digitales capaces de materializar casi cualquier diseño.
El nuevo edificio es una torre de una decena de niveles, iniciada con una caja de hormigón central (para ascensores y otros servicios), y luego envuelta en una estructura metálica (una especie de armadura de miriñaque) sobre la que se han montado once mil paneles de acero inoxidable. A modo de base de la torre, un tambor circular, transparente, que remite a la planta e incluso al volumen del anfiteatro.
Esos paneles, cuya disposición replica las anfractuosidades calcáreas de Les Alpilles, integran la característica piel del edificio, que la restallante luz de Arles va transformando de día y de noche, como si fuera una escultura camaleónica. A pleno sol, es blanca y plateada, cegadora. Bajo un cielo nuboso o de tormenta, azul y gris. Al caer el sol, dorada y rosa. En las noches claras remite al célebre cuadro de Van Gogh Noche estrellada, que Gehry suele citar como inspirador. Es decir, a todas horas, la torre es faro y reclamo del Parc des Atéliers, un área de once hectáreas en la que la firma neoyorquina Selldorf Architects ha rehabilitado viejas naves ferroviarias, para uso de artistas y creadores y para exposiciones.
Además de dicha función de reclamo, la torre tiene otras. Las museísticas se resuelven mayoritariamente en las salas de los niveles subterráneos. Las de mirador, en los niveles superiores –todavía cerrados al público a finales de julio pasado– y también en otros inferiores, con vistas de hasta 180 grados sobre la ciudad y el paisaje provenzal. Ofrece además divertimentos como el doble tobogán que permite bajar rápidamente los dos últimos niveles a aquellos que no desciendan por la hermosa escalera helicoidal doble situada también en el vestíbulo principal. Y reúne gran profusión de materiales, incluida la sal o la pulpa de girasol (productos regionales y de resonancias vangoghianas), convertidas en losetas o en paneles.
El edificio de la Fondation Luma, impulsada por la mecenas suiza Maja Hoffmann, no alcanza el vigor expresivo del Guggenheim Bilbao. Su piel de acero remite antes a una masa metálica en proceso de fundición que a los pliegues de una elegante túnica que sugería la fachada de otra obra de Gehry, el rascacielos en la calle Spruce de Nueva York. Pero aún así constituye una prueba indiscutible del arrojo arquitectónico y plástico de su autor, a la vez que un motivo de peso para revisitar Arles este verano.

(Publicada en "La Vanguardia el 15 de agosto de 2021)