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La holoturia azul

12.08.2016 | Crítica de arquitectura

Kunsthaus
Arquitectos: Sir Peter Cook y Colin Fournier
Ubicación: Graz (Austria). Lendakai, 1

Holoturia: equinodermo de cuerpo vermiforme, alargado y blando, que vive en los fondos marinos, vulgarmente denominado pepino, cohombro o butifarra. Holoturia azul: así podríamos denominar a la Kunsthaus de Graz (Austria), obra de Sir Peter Cook y Colin Fournier inaugurada en 2003, a la que excepcionalmente dedicaré hoy esta sección, contraviniendo su norma de comentar edificios recientes. La excepción tiene un objetivo: revisar, con cierta distancia temporal, el impacto y la perdurabilidad de la llamada blob architecture (o arquitectura de inspiración orgánica y formas ameboides, en boga hace un decenio largo).
Graz acogió hace trece años la capitalidad cultural europea. Y, para dar un correlato arquitectónico al acontecimiento, levantó varios edificios de imagen impactante. Por ejemplo la isla artificial en el río Mur, de Vito Acconci. Pero, sobre todo, la mencionada Kunsthaus, donde el diseño de una forma chocante pareció ser una prioridad absoluta: cuesta imaginar un objeto arquitectónico más disonante en un entorno arquitectónico de tan uniforme y secular sello centroeuropeo. De día y, también, de noche, cuando su piel lanza destellos discotequeros.
Cuando la forma es prioritaria, el resto es secundario. Pese a su función expositiva, pese a que las exhibiciones suelen ubicarse en las llamadas “cajas blancas”, el interior del Kunsthaus es oscuro, apenas iluminado por los lucernarios con pinta de cuernecito que sobresalen de la cubierta; sus muros curvados no parecen los más adecuados para colgar una exposición; y la presencia de la obra queda a menudo subordinada a la de su contenedor. Cruza dichos interiores, trazando sobre planta una diagonal, una escalera mecánica que ocupa parte considerable de la superficie disponible. Y uno siente un relativo alivio cuando, en el nivel superior, tras el recorrido cavernoso, descubre un mirador corrido sobre la fachada, un cajón vidriado de disonantes hechuras rectilíneas, con vistas al río y a la colina del castillo, las estampas más tradicionales de Graz.
Esta forma orgánica tiene alguna ventaja, como la de adaptarse, sin problemas compositivos, a un solar irregular. Pero, en términos temporales, lo que fue diseñado como un bienhumorado reclamo arquitectónico para un evento promocional de la ciudad, perdura ahora como una rareza en un entorno que ha vuelto a su cotidianidad: una holoturia azul entre las verdes laderas de una ciudad del desaparecido imperio austrohúngaro.

(Publicado en “La Vanguardia” el 12 de agosto de 2016)