Sin imagen

La galería íntima

25.04.2016 | Crítica de arquitectura

Galería Carrerasmúgica
Arquitectos: Estudio Herreros
Ubicación: Calle Heros, 2. Bilbao

La sede de la galería Carrerasmúgica de Bilbao va sumando premios. Los recibió del Colegio de Arquitectos de Madrid, después del VascoNavarro, y días atrás fue seleccionada para el pabellón de España en la Bienal de Venecia que este año. No es un edificio vistoso, tiene escasa presencia en la calle, ocupa un interior de manzana del ensanche bilbaíno y tiene más de rehabilitación que de nueva planta. Sin embargo, constituye un grato ejercicio de sensibilidad arquitectónica: la prueba de que con limitados recursos puede obtenerse un resultado muy satisfactorio. ¿Cómo se logra tal cosa? Pues, en este caso, priorizando las necesidades del cliente, prescindiendo de formalismos gratuitos, sacando el mejor partido de los pocos recursos preexistentes y utilizando la luz como un material constructivo de primer orden.
El local que ahora ocupa esta galería fue en tiempos un almacén de papelería industrial, con fachada principal a la calle Mazarredo, la misma del Guggenheim, y secundaria a la calle Heros, por donde las furgonetas accedían a través de un túnel de 25 metros. Cuando sus propietarios lo confiaron al estudio de Juan Herreros, era un espacio obsoleto, oscuro, techado con uralita. Hoy es una obra luminosa que renueva la tipología de la galería.
“Una manera de revitalizar las galerías es haciendo muchas exposiciones. Otra es ajustándola alas necesidades de los clientes”. Lo primero se logra ampliando el programa de muestras. Lo segundo, creando, además de una sala central, una serie de dependencias con finalidades varias: la experimentación, un almacén que es a la vez sala expositiva, u otras de menores dimensiones para atender en privado a los clientes más fieles. Herreros ha sabido articular esos espacios neutros, que ceden todo el protagonismo al arte expuesto, aprovechando la planta del local, también su simple estructura de pilares y vigas de hormigón y, sobre todo, manejando con tino la luz, tanto la artificial como la natural. Esta última se obtiene de nueve lucernarios, que son construcciones de distinto tamaño, orientadas a norte y oeste, y forman una especie de maqueta ciudadana e industrial en el techo de la galería: acaso la principal expresión arquitectónica de esa obra de rica intimidad, invisible a quienes circulan por la calle.
 
(Publicado en “La Vanguardia” el 25 de abril de 2016)