Barcelona es la ciudad de Gaudí, un arquitecto genial. Pero también es la de Cerdà, diseñador del Eixample, una retícula urbana racional que lleva más de siglo y medio dando buen servicio. Barcelona es pues una ciudad rica en arquitectura y en urbanismo, que no se agotan en los dos autores mencionados. Y es una ciudad donde los debates arquitectónicos o urbanísticos abundan; por ejemplo, el relativo al urbanismo táctico del consistorio, que ha restringido la circulación en sus calles con calzadas de colores y un engorroso surtido de obstáculos.
Para participar en este debate con provecho siempre es aconsejable disponer de algunos conocimientos. Por ello recomiendo la lectura de Arquitectura moderna y ciudad (Tibidabo Ediciones, 2022), una introducción al tema clara y sintética de Joan Busquets, arquitecto y urbanista, profesor en Harvard y catedrático de la ETSAB, cofundador del Laboratorio de Urbanismo de Barcelona y exdirector de Urbanismo del Ayuntamiento en tiempos olímpicos.
Decía Mies van der Rohe, con precisión germánica, que “la arquitectura es la voluntad de una época traducida en espacio”. Compartir esta afirmación equivale a comprender que la arquitectura es un instrumento para moldear nuestro hábitat, atendiendo a los desafíos del presente. Y eso es lo que nos explica Busquets, partiendo de la revisión de la arquitectura moderna de líneas puras y abstractas que, hace un siglo, dejó atrás al expresionismo historicista, y enfrentándola luego a los retos y a las preguntas de la urbe contemporánea.
Busquets basa sus respuestas a dichas preguntas en la acción combinada de la arquitectura y el urbanismo, y sobre todo en las aportaciones de la primera al segundo, fuente del planeamiento urbano, que se define en el libro como una herramienta para “reducir el impacto del mercado del suelo”.
Combatir la crisis climática y sacar el mejor partido de la revolución digital son para Busquets los objetivos principales de las dos disciplinas que domina, en pos de una sociedad urbana “más justa, resiliente, sostenible y, por qué no, más humana y hermosa”. Evocando a Louis Kahn, nos recuerda que “la calle es el espacio del acuerdo”. Obviamente, entre las personas, cosa difícil. Pero también entre los edificios y demás elementos construidos que conforman la ciudad, cosa también difícil, como se advierte por ejemplo al contemplar hoy el skyline de Londres. Por ello es recomendable leer este libro. Porque define el marco en el que nos hallamos, nos recuerda los éxitos de la arquitectura moderna y, también, su potencial para construir un mundo mejor. Eso era algo sabido, me dirán. Cierto. Pero, vistas algunas conductas recientes, no está de más recordarlo.

(Publicado en "La Vanguardia" el 18 de septiembre de 2022)