La carpa, reinventada

13.07.2013 | Crítica de arquitectura

Carpa Les Cols

Arquitectos: RCR

Ubicación: Olot. Restaurante Les Cols. Carretera de la Canya s/n

 

Algunas tipologías constructivas parecen gafadas. Por ejemplo, las carpas para bodas y banquetes. Se puede mejorar su confort con parquet y climatización. Pero por lo general no se libran de su aspecto de tinglado circense, de jaima beduina o de toldo playero. Así fue, al menos, hasta que los arquitectos de RCR recibieron el encargo de diseñar una carpa para Les Cols –cuyo restaurante y pabellones llevan ya su firma- y reinventaron la tipología.

 

Ramon Vilalta, de RCR, me cita en el espectacular estudio de este equipo, instalado entre los muros de lo que fue una vieja fundición de la capital de la Garrotxa. “Nos atrajo –dice- la memoria del fuego que conserva este local”. Su intervención aquí ha sido a la vez sencilla y monumental: colocar grandes cajas de acero corten y de cristal alrededor de un patio central arbolado, todo ello al abrigo de las seculares paredes de ladrillo. La atmósfera es mágica, sobrecogedora incluso, y combina el recuerdo de los metales fundidos con el verde de la naturaleza; el del corazón de la Tierra y el de su corteza; o, por decirlo de otro modo, entreteje interiores y exteriores mediante una arquitectura de acento inacabado.

 

Algo de eso pasa también en la carpa de Les Cols. Aquí RCR dice haberse inspirado en el Aplec de Santa Llúcia, que suele celebrarse sobre verdes campas de la Garrotxa, y en los “envelats”. El cruce de ambos referentes da en Les Cols una intervención de 800 metros de superficie en la que la arquitectura parece desmaterializarse y donde se borran los límites entre el exterior –un prado verde, arbolado- y el interior. Su estructura a cubierto la forman muros y taludes paralelos revestidos de piedra volcánica, separados por 30 metros y unidos por una sucesión de tubos metálicos de la misma longitud que hacen las veces de vigas, evocando los techos de cañizo. Dichos cilindros pandean, describiendo una suave curva. Entre ellos crecen varias hileras de almeces, que atraviesan la cubierta plástica de efte y algún día sombrearán la carpa. Estos árboles están arropados por unas cajas también de efte transparente, que separan el espacio en distintos ambientes –comedor, discoteca, zona de aperitivos- y desdibujan las figuras de los comensales.

 

RCR dicen buscar lo esencial, la vuelta a los referentes y sensaciones primigenias, una arquitectura entre construida y no construida, renaturalizada. Visualmente, por lo que hace a la fusión de exterior e interior y a los juegos de luces, el éxito de la empresa está claro. Y aunque la climatización requiere apoyos artificiales, esta intervención constituye en su conjunto un sorprendente ejemplo de lo que pueden lograr los miembros de RCR cuando, en aplicación de su ideario, piensan una obra “como si nadie la hubiera pensado antes”.

 

Foto de Hisao Suzuki

 

(Publicada en “La Vanguardia” el 13 de julio de 2013)

Sin imagen