Juego ruinoso

27.10.2013 | Opinión

“The Wall Street Journal” (WSJ), biblia de la prensa financiera norteamericana, publicaba días atrás una detallada información sobre las posibilidades que tenemos de enriquecernos con los juegos de azar. Los propietarios de casinos conocen esos datos de antiguo, y siempre han evitado difundirlos. Pero el resto de los mortales hemos tenido que esperar a que la firma de apuestas Bwin confiara a investigadores de la ludopatía de la universidad de Harvard una encuesta, efectuada entre 4.222 de sus clientes de casinos “on line”, para hacernos una idea precisa de lo que la banca gana y de lo que los incautos pierden.

Los dos datos más destacados en tal encuesta son los siguientes: por cada jugador que ganó más de 5.000 dólares hubo 31 que los perdieron. Y sólo un 11% de los jugadores habituales contabilizaron ganancias tras dos años de apuestas regulares, la mayoría no superiores a los 150 dólares. Había en esta encuesta otros aspectos de interés. A saber, cuanto más dinero y más a menudo se apuesta, más se pierde: entre el 10% de apostadores más rumbosos, el 95% acabó perdiendo. De hecho, el 2,8% de grandes apostadores acabó aportando el 50% de las ganancias de los casinos; y el 10,7%, el 80%.

Estas informaciones se refieren, como decíamos, al mundo de las apuestas en casinos virtuales de internet. Pero sus cifras se parecen mucho a las registradas en los casinos de ladrillo, vidrio y neón. Quizás los porcentajes de ganancias y pérdidas en juegos de azar de distinto formato no serán los mismos. Por ejemplo, en loterías como esa Grossa tan simpática que la Generalitat se ha sacado de la manga para evitar que Madrid nos levante el dinero a los catalanes con el Gordo de toda la vida. Ahora bien, es seguro que la inmensa mayoría de los jugadores no van a verse agraciados con un premio digno de ese nombre en la vida, mientras que la Administración convocante de los sorteos, ya sea madrileña o barcelonesa, es año tras año e invariablemente su principal beneficiaria.

Sabemos que la situación está suficientemente achuchada como para que los desesperados fíen su última esperanza a ese sacacuartos que es el Estado convertido en lotero voraz. También sabemos que algunos juegan sin tasa ni remedio, por la misma razón que otros beben o fuman como si mañana llegara el fin del mundo. Pero el resto deberíamos ser más sensibles a las cifras sobre casinos publicadas por el WSJ. Ya entiendo que la Generalitat quiera “beneficiarnos” a todos los catalanes con operaciones de juego a lo grande, como BCN World, planificada junto a ese benefactor de la humanidad que es Enrique Bañuelos. O, a otra escala, con la ya mencionada Grossa. Pero, ahora que conozco los abusivos números de los casinos, casi entendería más que cada uno de los catalanes nos beneficiáramos personalmente evitando la tentación ludópata y dedicando nuestro dinero a asuntos menos ruinosos.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 27 de octubre de 2013)