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Horizontal y urbano

12.02.2013 | Crítica de arquitectura

Campus Repsol
Arquitecto: Rafael de La-Hoz
Ubicación: Calle Méndez Álvaro, 44. Madrid.


Gran empresa busca solar para su nueva sede central. Al hallarse en tal tesitura, compañías como Banco de Santander o Telefónica eligieron fincas en los alrededores de Madrid, donde edificaron ciudades corporativas. También podrían haber optado por levantar una gran torre en la capital. Y esto último es lo que hizo Repsol al promover en Chamartín un rascacielos de 250 metros con firma de lujo, la de Norman Foster. Pero, mediada la edificación, la petrolera reparó en que le faltaban metros cuadrados y vendió la torre a Caja Madrid por 815 millones, cuando esta entidad catastróficamente gestionada creía poder permitirse semejante dispendio.

A la postre, Repsol no ha ubicado su nuevo cuartel general ni en la periferia capitalina ni en un edificio alto: ha construido un campus horizontal cerca de la estación de Atocha, obra de Rafael de La-Hoz recién inaugurada. Esta obra se compone de cuatro edificios de cinco pisos, dispuestos alrededor de un gran patio, equipado con vegetación autóctona y cafetería, que propician la relación entre las casi 4.000 almas allí empleadas. Más que de un campus abierto cabe pues hablar de un gran claustro, protegido del mundo exterior. Los cuatro edificios son cajas de cristal, abrazadas por un centenar de marcos estructurales de acero de 24 metros de alto (y 50 toneladas cada uno), que modulan la insolación y dan ritmo y uniformidad al edificio; una uniformidad que se interrumpe en las esquinas donde afloran las cajas de cristal, pintadas allí con los colores corporativos, aportando un contrapunto horizontal a la verticalidad de los marcos. “Ahí me he dejado llevar -dice De La-Hoz-, mostrando lo que aparece al cortar la sección, como si cortara un salchichón”.

Con buen criterio, dadas las dimensiones de la obra, De La-Hoz prefirió tomar pocas decisiones: mucha luz para los trabajadores, fomento de la relación en el espacio central, eficiencia energética y una envolvente de lenguaje discreto y constante. Esta última era ya una característica de obras anteriores suyas, que suelen manifestarse con voz clara, casi monocorde, sin renunciar a cierto empaque monumental de ecos clásicos. Verbigracia, su sede de Telefónica en Las Tablas. En la de Repsol, el resultado es también potente, y posee la virtud añadida de no condicionar el futuro de una zona urbana en pleno desarrollo: una torre para 4.000 empleados hubiera requerido un edificio imponente, de cuarenta plantas.

(Publicado en “La Vanguardia” el 12 de febrero de 2013)

Foto Repsol