Hombres en calzoncillos

04.08.2013 | Opinión

Hombres muy guapos de torso musculado y aceitado, en calzoncillos. Mujeres muy hermosas vestidas de dómine amenazando con la fusta a un hombre (en calzoncillos). Hombres comiendo alrededor de una mesa de madera con modales de albañil, alguno de ellos en calzoncillos. “Tableaux” lésbicos en un pajar. Hombres sometiendo a una mujer en lo que parece el preludio de una violación colectiva. Relatos de amor apasionado con fondo siciliano y un toque mafioso. Hombres con abdominales cincelados, mujeres de boca carnosa, ellas desnudas, ellos… en calzoncillos.

He aquí algunas estampas características de la publicidad de Dolce & Gabbana, capítulo en el que la firma italiana invierte una burrada de dinero. A mi modo de ver, la contemplación reiterada de este tipo de campañas produce un paradójico empacho visual. Pero debo ser un bicho raro, porque expertos en la materia las califican como un modélico cóctel de sexo, glamur y provocación. Y de astucia comercial, añado yo. Además, estos anuncios ejercen sin duda una atracción irresistible sobre amplias capas de la población que, al verlos, corren a comprarse prendas de vestir, cinturones y gafas con la marca D&G muy visible, y luego salen a la calle felices, convertidos a la vez en usuarios y anuncios ambulantes no retribuidos de su marca preferida. (Por fortuna, luciendo algo más que calzoncillos: su físico no es siempre el del ideal de belleza “dolcegabbanesco”).

Domenico Dolce y Stefano Gabbana fueron condenados semanas atrás a un año y ocho meses de prisión, acusados de evadir no menos de 200 millones de euros que debían destinar al pago de impuestos. “The Times” bromeaba diciendo que los modistos quizás vestirán a rayas la próxima temporada. Pero antes de que eso ocurra deberan verse muchos recursos y es posible, tratándose de celebridades, que la causa acabe sobreseída.

Bien podría ser que ese dinero detraído al fisco y, por tanto, al conjunto de la ciudadanía, fuera empleado por D&G para financiar sus costosos anuncios, mediante los que a continuación lograron seducir a clientes y clientas y aligerarles algo más la bolsa. El círculo perverso se cierra así con la virtuosa colaboración de sus víctimas: D&G se quedan parte del dinero que deben devolver a la colectividad y, con él, encelan –anuncios mediante– a muchos ciudadanos para que les den más pasta a cambio de sus artículos supuestamente glamurosos. Y yo me pregunto: ¿Nos estaremos volviendo tontos? ¿No sería más lógico que la clientela de D&G rechazara esta pinza que le aplican sus modistos y evasores probados? ¿O será que la idea de quedarse en calzoncillos, ni que sea económicamente hablando, les pone y les puede?

(Coda positiva: navegando en la red para revisar anuncios de D&G hallo un clip de 1965 donde Mina canta “Città vuota”: una monumental y emotiva respuesta italiana a la mejor Aretha Franklin).

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 4 de agosto de 2013)