Hay que mandar

03.01.2016 | Opinión

Dos días antes de Navidad, se celebró en Fabra i Coats un debate sobre el futuro del Grec. Su objetivo era redefinir el festival en busca del mayor consenso. BComú, que dirige el Ayuntamiento, es partidaria de tomar las decisiones colectivamente. Se trata, como dice la alcaldesa Colau, de “mandar obedeciendo”. Y es por ello, supongo, que, además de a ocho profesionales del sector, se invitó a terciar en el debate al público asistente. Barcelona será plural o no será.

Estoy a favor de la pluralidad. De escuchar todas las voces. Y, con particular interés, aquellas que tienen algo qué aportar. Pero Grec sólo hay uno. Y al fin habrá que acordar un modelo de festival, que no complacerá a todos. Eso ya se intuyó en el debate, que en lugar de avanzar hacia una síntesis progresó hacia la dispersión de criterios. Unos querían un festival centralizado, otros descentralizado; unos de verano, otros que durara todo el año; unos pedían montajes de primer nivel, otros embarcaban al público como creador –me temo, ¡ay!, que sin habérselo consultado antes–, etcétera.

¿Es esta la mejor base para dibujar el Grec del futuro? Digamos que podría ser un buen arranque. Pero luego habrá que buscar un esquema de gobierno y atribuir responsabilidades. Convocar una reunión de este tipo bajo el epígrafe Quin Grec volem? refleja una corrección política irreprochable. Pero también adanismo, ingenuidad y un punto de engaño. Porque difícilmente se puede empezar de cero en un festival con cuarenta años de historia; porque toda iniciativa requiere un responsable; y porque decir que las cosas serán ideales para todos conduce a la decepción de muchos.

El asamblearismo tiene también inconvenientes. El movimiento del 15-M, espontánea respuesta de una generación indignada, perdió fuerza en interminables asambleas. En ellas se peroraba de política, pero también de feminismo, de ecología, de animalismo y de una larga lista de causas. Esa diversidad reflejaba la profusa problemática de nuestra sociedad. También la dificultad de reformarla en régimen asambleario… Hasta que apareció Podemos, embotelló el movimiento con su marca y lo capitalizó en beneficio propio.

Pero volvamos al Grec. Como ciudadano, espero ver el mejor teatro posible en dicho festival. Es así de sencillo. Y puesto que, aún agradeciendo la invitación a colaborar, no figuro entre los mejores programadores, aspiro a que quienes se postularon para gobernar la ciudad, y de paso el Grec, sepan ocuparse de eso, auxiliados por la crème de la profesión teatral local. A eso yo lo llamaría “obedecer mandando”, que es lo que toca. Primero se obedece –o se escucha– a la ciudadanía, y después el gobernante manda, decide y se moja. En este caso, el orden de los factores cuenta: no es lo mismo mandar obedeciendo que obedecer mandando; no es lo mismo mandar para obedecer que obedecer para mandar.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 3 de enero de 2016)