Voy a dar todo mi dinero, hasta que la caja fuerte esté vacía”. He aquí una frase muy hermosa, en particular cuando uno la escucha en su círculo próximo. No es el caso. Quien la ha pronunciado es MacKenzie Scott, vecina de Seattle, que se divorció de Jeff Bezos, fundador de Amazon y hombre más rico del mundo, hace dos años. O sea que su caja está rebosante. Entre otras cosas, de acciones de Amazon, que en el año de la pandemia se revalorizaron por encima del 80%. Está tan llena, que los medios económicos no se ponen de acuerdo sobre la cantidad que le reportó la separación. Dejémoslo en que sobrepasó los 50.000 millones de dólares. Scott lleva ya repartidos 8.000, entregados a organizaciones no gubernamentales que trabajan contra la pobreza o la crisis climática, y en favor de la justicia racial.
La ex de Bezos es un caso destacado de filántropo contemporáneo, esa rara persona que ama a sus congéneres, de obra y no de palabra, prodigando acciones desinteresadas. ¿Nunca conocieron a alguien así y les cuesta imaginar como sería? Lo contaré de otra manera: el filántropo es lo contrario del misántropo, ese tipo, más corriente, al que le producen repelús sus congéneres y suele mostrarse huraño, tratando de evitar el contacto social o despachándolo con unos gruñidos.
MacKenzie Scott lleva poco tiempo en el candelero. Pero su nombre me resultaba familiar de antiguo. Porque uno de los referentes de mi juventud se llamaba igual, pero al revés: Scott McKenzie. Este cantante y compositor ganó fama mundial en 1967, durante el verano del amor, con el tema San Francisco. (La rica divorciada nacería tres años después en San Francisco, otra coincidencia).
McKenzie (el cantante) fue un hombre de un solo hit. Era amigo de John Philips, de The Mamas & the Papas, que fue quien le compuso la célebre canción. Pero nunca superó el éxito de San Francisco. Acaso porque no era un gran showman, como apreciarán quienes recuperen su interpretación inicial en YouTube: tenía buena voz, bien modulada, pero su expresividad corporal era la de un armario ropero. Así son las cosas: debemos el gran himno hippy a un cantante sin sangre escénica. La antítesis, pongamos por caso, con Janis Joplin, otra estrella de la época.
¿En qué se parecen MacKenzie Scott y Scott McKenzie, aparte de en el nombre? Quizás en su amor a la humanidad. El segundo se convirtió en el heraldo de “una nueva generación” con “flores en el pelo”, “gente en movimiento”. La primera demuestra ese movimiento regando con su fortuna proyectos sembrados para mejorar el mundo. Este verano del 2021 no va a ser otro verano del amor. Pero entre la remisión de la pandemia, el eco de San Francisco y la pasta de Mackenzie Scott ya pinta mejor que el del 2020.

(Publicado en "La Vanguardia" el 25 de julio de 2021)