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Estructura para todo

19.10.2013 | Crítica de arquitectura

David Sebastián y Gerard Puig recibieron el encargo de proyectar un pabellón ferial y una escuela de arte y diseño en dos solares de Amposta separados por un vial. El pabellón (de 5.000 metros cuadrados) debía sustituir a uno preexistente y deteriorado. La escuela (2.500) debía dedicarse a las artes y el diseño. Esta última, que incluye una sala polivalente que forma parte del programa del pabellón, ha entrado en servicio este curso, aunque dedicada a la salud y el deporte. Las obras del pabellón no se han iniciado. Los edificios, en nuestro país, pueden pasar por muchas vicisitudes antes de completarse.

Sebastián y Puig optaron por levantar dos edificios con un único lenguaje. Y, dado que el terreno no admitía grandes cargas y se requería un limitado período de ejecución, optaron por una ligera estructura metálica. En planta daba secuencias de nueve metros, donde a base de eliminar pilares y colocar jácenas se podían lograr luces de hasta 30 metros, adecuadas para la feria, u otras de 9 metros, apropiadas para las aulas de la escuela. Con esta decisión, quedó definida la esencia del proyecto. Luego le dieron a la estructura una variedad de alturas –4, 8 o 12 metros-, abriendo en los cuerpos más elevados lucernarios que garantizaban la iluminación natural. Quedaba por resolver la dureza que confería al edificio una estructura con tanto protagonismo, y casi siempre vista, tanto en el interior del edificio como en el exterior. La respuesta fueron unos cerramientos bien de cristal, bien de chapa perforada en los laterales, o bien -y de modo más característico- de ladrillo o rasilla, dispuestos de modos variados, pero siempre con esmero, que remitían a las construcciones agrícolas de la zona.

La estructura de esta obra permite en la escuela, mediante puertas correderas, una gran transparencia horizontal, desde el porche hasta la sala polivalente, complementada con la transparencia vertical, que se logra con dobles y triples alturas en las zonas comunes, como por ejemplo el gran vestíbulo amueblado con una escalera metálica de mucho porte que refuerza la matriz estructural de la obra.

El resultado de estas decisiones arquitectónicas es una obra de cierta potencia formal, en la que se reivindican materiales económicos mediante un uso habilidoso de los mismos, y donde no faltan los espacios con entidad propia. Ojalá pronto pueda llevarse esta experiencia a otra escala con la construcción del pabellón ferial.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 19 de octubre de 2013)