Esos carteles

19.06.2016 | Opinión

No hay trabajos fáciles. Y menos aún si se persigue la excelencia. Pienso esto y mi memoria recupera, espontáneamente, un chiste en dos viñetas de Perich, agudo humorista de finales del siglo pasado. En la primera, el monigote afirma: “Hay una manera muy fácil de tocar el piano”. Y en la segunda, con cara igualmente seria, añade: “Tocarlo mal”.

No hay trabajos fáciles. Es más, algunos deben ser muy difíciles. Por ejemplo, inventarse carteles y lemas electorales para captar el voto ciudadano. Esta es una labor que se enfrenta a muchos problemas: la fatiga del elector causada por la acumulación de comicios o por la omnipresencia de los políticos en los medios de comunicación. O el descrédito de la clase política. O, por último, pero no menos importante, la posible torpeza de los autores de pasquines y slogans.

Dentro de una semana se celebrarán en España elecciones generales. Hace por tanto unos días que nos bombardean con más propaganda política de la habitual. Menos quizás que en otras contiendas, porque los partidos decidieron recortar presupuestos. Pero no poca. Y es así como volvemos a comprobar, de nuevo, que no hay trabajos fáciles.

Por ejemplo, al contemplar el cartel en el que aparece Francesc Homs, candidato convergente, bajo el lema Fets per Catalunya, que tiene, al menos, dos significados. Primero: CDC no habla por hablar, prefiere los hechos. Segundo: CDC está hecha a medida para Catalunya. Este mensaje nos viene a sugerir su idoneidad. Pero, al mismo tiempo, nos dice que su utilidad se limita al territorio catalán, y la incapacita, o así lo interpreto yo, para enfrentarse a la complejidad del mundo globalizado. Por no hablar de ese otro lema, Molt per defensar, que los fieles interpretarán en clave de celo nacionalista, pero sus rivales quizás relacionen con la protección de las prebendas pacientemente coleccionadas.

O, por ejemplo, al ver el cartel en el que aparece Gabriel Rufián, de ERC, junto al lema L’únic canvi posible. De nuevo hallamos aquí esa pretensión de idoneidad, pero con un matiz excluyente. Ya sabemos que ERC parece tener una sola idea. Pero decirnos que encarna el único cambio posible, además de ser falso, revela su poca imaginación y, a la postre, expresa escaso afecto a la pluralidad que sustenta el sistema democrático.

O, por ejemplo, al observar el cartel de las huestes de la nueva generación izquierdista que va articulando Podemos, autoproclamada promesa de un futuro mejor. Un cartel donde aparecen sus líderes con una sonrisa que no desmerecería en la propaganda maoísta. Todo ello, sobre el lema ternurista 26-J, la sonrisa de un país, que a mí, que ya soy mayor –aprovecho la ocasión para pedir disculpas por serlo, y por lo que viene a continuación– me suena a José Solís Ruiz, aquel ministro apodado la sonrisa del Régimen.

Lo dicho: no hay trabajos fáciles. Y, en campaña, menos.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 19 de junio)