Algunos periodistas de mi quinta debutamos publicando reseñas o entrevistas relacionadas con nuestras aficiones: el rock, las novelas, etc. Frank Zappa nos había prevenido al respecto, cuando afirmó que “el periodismo rockero consiste en gente que no sabe escribir entrevistando a gente que no sabe hablar para gente que no sabe leer”. Aún así, perseveramos. Y aprendimos que la entrevista es la base del periodismo. No importa que luego publiques informaciones, reportajes u opiniones. Si no preguntas y te enteras de lo que pasa, de lo que se esconde, no sabes y no puedes hacer periodismo.
Hay muchas maneras de entrevistar. Algunas son indecorosas. Un ganador del Planeta contaba que, en una rueda de prensa en Lugo, durante la gira promocional por provincias, un entrevistador con más cara que espalda le preguntó: “¿puede decirme su nombre, el título de su novela y de qué va?”
Por supuesto, se puede entrevistar mejor que eso. Los lectores de La Vanguardia, que a menudo inician su lectura por la última página, lo saben. Víctor M. Amela, uno de los tres periodistas de La Contra –sección de entrevistas que se publica a diario desde hace un cuarto de siglo–, cita, entre los secretos del buen entrevistador, la documentación previa, la actitud al preguntar –máxima concentración, con unas gotas de zalamería para estimular la locuacidad del entrevistado– y la mejor edición posible del texto.
Anatxu Zabalbeascoa, que colaboró en este diario hace tres decenios, y desde los 90 lo hace en El País, es una entrevistadora vocacional. En su reciente Gente que cuenta –donde recoge veintisiete de sus entrevistas a creadores varios– nos cuenta que eso fue lo que quiso hacer desde un principio, cuando otros quieren ser astronautas, bailarinas o, ay, influencers. Sus entrevistas vienen pues de muy lejos. Y aspiran a ir más lejos todavía.
Hacer una entrevista no es tan fácil como puede parecer. Hay que prepararla de modo exhaustivo. No hay que ir a ella como quien va al bar a charlar con un amigo –el entrevistado no lo es–, sino como el minero que baja a la mina dispuesto a vaciar sus vetas. Hay que atreverse a incomodar. Hay que ser testarudo, preguntar y repreguntar cuando la respuesta es elusiva o insatisfactoria. Hay que respetar al entrevistado, y más aún al lector.
Gente que cuenta trasciende su selección de entrevistas para convertirse en una celebración de la empatía que anuda vidas y estructura la humanidad. Muchos se pasan la vida haciéndose preguntas, tratando de entenderla y de entenderse. Zabalbeascoa indaga en la de otros. “Si lo haces bien –dice– puedes llegar a unos de los instantes emocionantes de esta profesión: acercarte a otro ser humano (…) entender una vida”. Mejor nos iría a todos si ese esfuerzo se extendiera.

(Publicado en "La Vanguardia" el 6 de marzo de 2022)