Sin imagen

Bodegas Clos Parchem

Arquitecto: H Arquitectes

Ubicación: Gratallops (Tarragona). Carrer de la Font, 1D

Las bodegas sufrieron la fiebre de la arquitectura estelar y atrajeron hacia España a autores foráneos como Foster, Rogers, Gehry o Hadid, con sus formas imprevisibles. Pero las bodegas son también ahora un terreno de experimentación para una arquitectura que contribuya a limitar el gasto energético y, en la medida de lo posible, sea climáticamente autosuficiente.

 La bodega Clos Parchem, situada en Gratallops, en el corazón del Priorat, es un buen ejemplo de esta segunda línea. Lleva la firma de H Arquitectes y, siguiendo la tradición de la casa, se distingue por su búsqueda de la eficiencia energética, por el uso esmerado del ladrillo, combinado aquí con el hormigón y la madera, y por una sobriedad formal casi franciscana, pero en absoluto reñida con la inquietud arquitectónica. 

Lo primero que sorprende en esta bodega es su dimensión, que no desmerece junto al volumen de la vecina iglesia de Sant Llorenç y, a la vez, se integra en el viejo casco urbano. Lo segundo es la sobriedad de sus fachadas rebozadas con pálido mortero de cal, con un característico ritmo de hendiduras (también presente en los muros interiores de ladrillo visto), y con su gran portal de acceso, que facilita las tareas de la bodega y le da una escala casi monumental.

Este edificio puede describirse como una gran nave de fermentación, rodeada por un generoso espacio de acceso que se prolonga a modo de calle interior, describiendo en planta una zeta, con escaleras, metálicas o de ladrillo siempre muy bien colocado, y terrazas verdes que aportan frescor y reducen la insolación. Bajo dicha nave, en un nivel subterráneo, están el almacén y la sala de crianza, cuyas exigencias en materia de temperatura y humedad van más allá de las posibilidades de la climatización natural. Y, en dependencias perimetrales, dos salas de cata superpuestas en un lado, y la oficina y unas terrazas con espléndidas vistas sobre el Priorat, en el otro.

La sala de fermentación es la caja mágica de este edificio. Su triple altura y unos muros con hasta cinco cavidades en su interior propician la circulación del aire y, con ella, una regulación natural de la temperatura, entre los 15 y los 25 grados. Contribuye a bajarla en verano una balsa en el techo, de unos pocos centímetros de profundidad, que se llena de noche para refrescar el edificio y su forjado.

Quienes visitan bodegas suelen recibir prolijas explicaciones sobre el proceso de fermentación del vino, que se alargan y demoran la esperada hora de la cata. En Clos Parchem podría repetirse este ritual. Pero la particularidad del edificio lo convierten en una oportunidad para enterarse de cómo la arquitectura, también la del vino, puede contribuir a conservar el medio ambiente.

(Publicada en "La Vanguardia" el 31 de octubre del 2021)

Foto Jesús Granada