El peligro amarillo

05.06.2016 | Opinión

Me he dado un paseo por las tiendas independentistas on line, para conocer el surtido de productos que allí se ofrecen. Por supuesto, la estrella son las banderas, de las que se han vendido ya kilómetros y kilómetros. Y las camisetas, pulseritas, llaveros, tazas, etcétera. Pero también hay objetos insospechados, como pantuflas con la estelada o correas de perro con la senyera. E incluso felpudos con la estelada, que causan sentimientos encontrados: por una parte dan la bienvenida a la república catalana; por otra, invitan a restregar en ellas los zapatos embarrados, lo cual no parece trato adecuado para la enseña nacional.

Este tipo de bienes de consumo experimentó un boom gracias a los cuatro últimos Onze de Setembre. No había más que salir a la calle para comprobarlo. Los manifestantes lucían, en su mayoría, la camiseta reglamentaria diseñada para ese día. Y hacían ondear banderas, se tocaban con barretinas, se envolvían en pañuelos o cargaban con mochilas, todo ello debidamente “estelado” [Los fans de la Harley Davidson hacen algo parecido: usan chalecos, camisetas, gorras o cadenas con su divisa favorita]. Tal fue la eclosión, que prosperaron las empresas y los portales dedicados a la fabricación y venta de estos productos. Incluso empresas sin otra filia política que el afán de lucro, fabricantes pongamos por caso de mecheros, lanzaron productos “estelados”, junto a los que exhibían banderas españolas u hojas de marihuana.

Los partidos políticos y las entidades sociales pro independencia se subieron al carro e incluyeron en sus webs tiendas con esta parafernalia. Eso les valió acusaciones de competencia desleal por parte de emprendedores independentistas. Ciertamente, estuvo feo que perjudicaran los intereses de quienes con tanta imaginación tratan de contribuir al PIB catalán. Pero entidades como la ANC hallaron en este comercio una jugosa fuente de financiación y lo convirtieron en pilar de su tesorería, peti qui peti.

En los últimos tiempos, esta fiebre ha remitido. El procés está lastrado por la fatiga, las rencillas intestinas, las urgencias de los antisistema y, sobre todo, porque no suma apoyos suficientes. Todo ello ha tenido un efecto negativo en la venta de productos indepes. Sus fabricantes catalanes han acusado el golpe.

Por si fuera poco, les acecha otro peligro, acaso más temible que los emanados de Madrid: la competencia. Los chinos saben fabricar y vender esteladas a mitad de precio que los catalanes. Peor aún: los patriotas no le hacen ascos a la enseña nacional catalana de factura china.

Un siglo atrás, Sax Rohmer empezó a publicar sus novelas de Fu Manchú. Creíamos que el peligro amarillo encarnado por un malvado con hanfú de seda, coleta y bigote de guías caídas había desaparecido ya. Pero sigue ahí, metamorfoseado en fabricante de banderas a precios reventados. ¿Donde están Sir Denis Nayland Smith y el doctor Petrie?

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 5 de junio de 2016)