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El panal blanco

02.08.2013 | Crítica de arquitectura

La trama geométrica que distingue el Espacio andaluz de creación contemporánea, situado en Córdoba, remite a las formas del panal: una red de hexágonos de distintos formatos, que pueden interconectarse o encerrarse en sí mismos, dando lugar a amplias salas de exposiciones o a talleres de creación. Esta trama (que se percibe desde el exterior y se manifiesta rotundamente en el interior) discurre en diagonal sobre una planta rectangular, reservando los espacios perimetrales para más talleres, vestíbulo y circulaciones. Se manifiesta además claramente en la cubierta del edificio, donde algunos de los hexágonos hacen las veces de lucernarios. Y también en la fachada trasera, fluvial, del edificio, convertida eventualmente en una espectacular pantalla de colores. Una torre en una esquina para auditorio, también hexagonal, completa este edificio de dos plantas, más las subterráneas.

Formas tan peculiares, aunque destinadas a un edificio que debe fomentar el encuentro, suelen despertar una sospecha de capricho. Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano –que a muy pocos kilómetros de Córdoba levantaron el discreto, subterráneo, casi invisible, museo de Madinat Al Zahra- dicen haberse inspirado esta vez en caligrafías y ritmos asociados al esplendor ornamental del califato. Hay que decir que la suya es una plausible reinterpretación contemporánea de aquellas geometrías, de acusada personalidad. Y –más importante que eso- que las iluminaciones naturales logradas a través de las celosías de fachada, o por los cráteres de luz cenitales, remiten claramente a los rayos de luz obtenidos en las cúpulas estrelladas de los viejos baños árabes de Córdoba.

El edificio conserva el gris de la estructura de hormigón en los interiores de suelo continuo, y se reviste en el exterior de blanco paneles prefabricados de hormigón y fibra de vidrio. Sus obras, que empezaron en 2008, se entregarán previsiblemente durante este verano a la Junta de Andalucía, que, a su vez, tiene previsto ofrecer las instalaciones a creadores artísticos para que instalen en ellas sus talleres. Pocos habrán dispuesto antes para sus quehaceres de una sede tan primorosamente diseñada. El estudio de artista, antaño escenario del desorden bohemio e incluso de la miseria, ha llegado a la época de la arquitectura de autor.

(Publicada en “La Vanguardia” el 2 de agosto de 2013)