El desprecio de la verdad

20.11.2016 | Opinión

Mark Zuckerberg tiene un problema. El creador de Facebook se ha pasado la semana tratando de contener la oleada de críticas sobre la abundancia de noticias falsas en su red. Noticias, por ejemplo, como que Hillary Clinton tuvo una relación lésbica con Yoko Ono. O que no estuvo relacionada con una red de pederastia. U otras aventadas por Trump cuando decía que Obama no había nacido en EE.UU. o que el cambio climático es un cuento chino.

Tiempo atrás, el equipo de Facebook que jerarquizaba los trending topics fue acusado de excluir las historias de línea  conservadora, y la dirección decidió sustituirlo por un algoritmo. El criterio de este mecanismo ya no es ideológico. Pero tampoco es inteligente. Da prioridad a los contenidos más vistos. Tanto sin son ciertos como si no. Con el agravante de que las historias falsas suelen ser más virales que las auténticas. Nada nuevo. Churchill ya sabía que “una mentira da media vuelta al mundo antes de que la verdad se haya puesto los pantalones”. Pero, ahora, con un agravante: ya parece más importante conseguir que una historia se difunda mucho (y acumule me gusta y genere ingresos) que cerciorarse de que es cierta antes de divulgarla.

El poder de Facebook, la mayor red social, es gigantesco. Tiene ahora 1.790 millones de usuarios activos, un 16% más que en el 2015, y genera cada día miles de millones de me gusta. Según datos del Pew Research Center, el 66% de los usuarios de Facebook (el 44% de los norteamericanos) se abastece de información en dicha red: es su periódico de cabecera.

¿Qué significa todo ello? Que cada día más personas confían su información a una red en la que las noticias verdaderas vienen mezcladas con las falsas. El fundador de Facebook ha tratado de templar gaitas, diciendo que sólo un 1% de las informaciones que divulga su red son falsas –o sea, que las tiene identificadas–, y que Facebook sólo quiere ayudar a la gente a compartir en un mundo más abierto y conectado. Otros aseguran que muchas de esas informaciones han sido cocinadas en webs pro Trump. Y miembros del equipo de Zuckerberg sostienen que “las informaciones falsas han corrido por nuestra red descontroladas durante toda la campaña electoral”.

Mark Zuckerberg tiene un problema: cómo seguir ganando dinero a espuertas sin ensuciarse –más todavía– las manos. Pero el resto de los humanos tenemos otro problema: el progresivo desprecio de la verdad. A muchos nativos digitales, les gustan más las historias que apelan a sus vísceras que las que apelan a la razón: la veracidad de las historias que publican los medios de información sería ya para ellos irrelevante. Es necesario y urgente denunciar esta percepción. Porque la verdad, como advirtió Cicerón, se corrompe tanto con la mentira como con el silencio. Y porque si callamos ante tanta desfachatez caeremos, inermes, en manos de los manipuladores populistas.

(Publicado en "La Vanguardia" el 20 de noviembre de 2016)