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Ampliación de la facultad de Derecho

Arquitectos: Sòria/Quintana y Lacomba/Setoain

Ubicación: Diagonal, 684. Barcelona

La facultad de Derecho, firmada por Giráldez, López Íñigo y Subías, es uno de los clásicos de la arquitectura moderna barcelonesa. No sólo porque fue el primer edificio construido en el campus Diagonal y porque obtuvo, en 1958, el primer premio FAD. También porque, pasados unos sesenta años desde que se proyectó y construyó en tiempo récord, su depurado racionalismo, su acomodo al solar, su ligereza y su elegancia siguen siendo ejemplares. Para cualquier arquitecto supone un honor y, también, un serio compromiso construir la ampliación de un edificio histó- rico como este. Los riesgos son varios. Si se quiere competir con él, enfatizando el carácter propio, se corre el riesgo de salir trasquilado. Si se recurre al mimetismo (que tampoco garantiza el éxito), se desaprovecha una buena ocasión. Enric Sòria, uno de los miembros del equipo que ganó el concurso de la ampliación de la facultad de Derecho, indica que el criterio que les guió al proyectar no fue el de imponerse ni el de imitar al edificio histórico, sino el de acompañarle, con discreción formal. Y, a la vez, establecer con él la mejor relación orgánica posible. La nueva obra, que se levanta en un estrecho solar, con breve fachada sobre la Diagonal y una larga fachada corrida en la calle Fernando Primo de Rivera, se compone de cuatro bloques. Sus tres espacios intermedios, aunque unidos con puentes, se alinean con tres patios de la facultad preexistente. Esa es una primera, y funcional, expresión de acompañamiento. La segunda, y principal, tiene que ver con la sutil composición volumétrica de los edificios de nueva planta, cuya altura se equipara, pero sin rebasarla, con la de la torre original de la facultad, y que mediante un voladizo, de canto imponente, en su primer cuerpo dialoga con las distintas cotas del edificio histórico. La tercera expresión de acompañamiento, esta en clave cromática, se plasma en unas fachadas con ritmo de ventanas constante, y vidrios recubiertos con una trama para la protección solar, todo ello en blanco roto, a medio camino entre el blanco y el gris dominantes en la obra de Giráldez, López Íñigo y Subías. Este nuevo edificio, que entra en servicio con el curso académico, cumple satisfactoriamente su propósito: acompañar a la obra maestra. Y lo hace sin rivalizar con ella, pero también sin complejos, con sutil voluntad de encaje.

(Publicada en “La Vanguardia” el 14 de octubre de 2017)