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Dos cubiertas en Cartagena

05.04.2013 | Crítica de arquitectura

Terminal de cruceros.
Cubierta para el parque arqueológico de Molinete
Arquitectos: Martín Lejárraga Amann/Cánovas/Maruri
Ubicación: Cartagena


Cartagena ha inaugurado recientemente una terminal para recibir a los cruceristas que llegan a su puerto. No es un edificio voluminoso, sino una sinuosa cubierta de hormigón, que protege del sol y de la lluvia. Tiene 120 metros de longitud y la sostiene un bosque de pilares de acero inoxidable. En total, 654, una cifra quizás necesaria a efectos de carga, pero elevada.
Con buen criterio, el arquitecto Martín Lejárraga ha optado por una construcción baja y bastante transparente, evitando transformarla –como sucede con otros edificios cartageneros– en barrera visual entre la ciudad y el mar. Ha optado también, considerando el puntal de los cruceros, por trabajar la lámina superior de la marquesina, primando la quinta fachada, y el suelo del muelle. Sobre la marquesina ha colocado un mosaico en tonos azules que evoca el fondo marino. Sobre el muelle ha dibujado ejes que señalan los monumentos de Cartagena: un apunte de la ciudad que el visitante se dispone a descubrir.

Aunque ha crecido, el número de cruceros que atracan en esta ciudad es limitado. Por ello, se ha dado al programa un segundo uso como parque ciudadano e infantil. Además de las cabinas para control policial, hay otras, las “aulas de mar”, con dibujos florales en el suelo y cerramientos ornados con especies marinas. Esa es otra decisión plausible en época de crisis: dar doble función a la nueva puerta de la ciudad.

La segunda

cubierta cartagenera a la que nos vamos a referir es la del parque arqueológico romano del Molinete, merecedora del Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales del 2012. Esta vez no hablamos de una losa de hormigón, sino de un gran palio –casi 2.000 metros cuadrados– de chapa perforada, facetada y translúcida, que persigue, y a ratos logra, una sensación de ligereza. La intervención consta de dicha cubierta, que protege las viejas termas, la palestra y la domus romanas, y de una pasarela lateral, a dos niveles, que ofrecen mirador sobre el yacimiento y acceso al mismo. Las rampas de bajada a las ruinas describen una línea zigzagueante, con su punto de misterio, que prepara al visitante para el recorrido. La cubierta, de gran potencia formal, se sostiene en unos pocos pilares de fino diámetro, agrupados en haces. A escasa distancia, esta obra resulta imponente. Desde lo alto del parque, resalta el modo en que se amolda a la orografía del terreno, y se dobla para tapar la medianera colindante. Bajo su manto, crea una agradable sensación de confort. En conjunto, la obra muestra ya mucho carácter, que se acusará si algún día se decide prolongarla sobre la parte del yacimiento –rodeado por una cerca de tonos demasiado vivos– que todavía no está excavada.

Foto de David Frutos

(Publicada en “La Vanguardia” el 5 de abril de 2013)