Divas en bikini

01.09.2013 | Opinión

Hubo un tiempo en que los videoclips primaban la creación audiovisual. Me acuerdo de algunos de Peter Gabriel o David Byrne, por poner ejemplos remotos. Parecía una buena idea, porque el videoclip se emancipaba de su condición de siervo de la canción y, de paso, generaba un buen producto. Ahora, a menudo, las divas del pop prefieren usarlos para lo que los usaría una “escort” en paro. Cuando divisan una cámara, todo lo que se les ocurre es ponerse en celo, actitud infalible para atraer la atención de, al menos, la mitad de la audiencia. Y, cuando les avisan con tiempo, preparan una coreografía ad hoc, y pasa lo que pasó en la gala de los premios MTV, celebrada días atrás en Brooklyn pero vista, dado su interés, en todas partes.

Lady Gaga acudió a la cita dispuesta a recuperar posiciones en este circo, tras ocho meses de baja mediática –una eternidad– por lesión. Su táctica consistía en lucir cuatro modelitos en un pispás. Los más extravagantes fueron uno de monja moderna con toga cúbica y un bikini que cubría sucintamente sus muchas carnes mediante un jardincito en el pubis y conchas en los pechos. Ambos atuendos eran perfectamente ridículos, aunque daban que hablar. Y de eso se trata.

Lady Gaga, reina del estilismo friqui, se las prometía felices. Pero apareció Miley Cyrus, antigua estrella de Disney dispuesta a subvertir su candoroso arquetipo infantil, y se la merendó. Su táctica consistió en quedarse, también, en bikini y luego en sacar la lengua con ánimo lascivo, frotar su trasero con el paquete de un acompañante y rascarse la entrepierna con una manopla. Una “stripper” cazadotes no lo hubiera hecho mejor ante un anciano rico y falto de amor. Twitter se puso al rojo vivo, prueba definitiva del éxito y la superficialidad del show.

Este montaje incomodó a parte de la audiencia, porque el público de videoclips es joven y, el de Cyrus, más. Pero era el de rigor para sacarle rentabilidad a un programa con tanto tirón popular. Los artistas listillos saben que la gala de los MTV es, básicamente, un escaparate donde afirmar su condición de celebridad y, por tanto, generar ingresos. Si para eso una tiene que cepillarse, en directo, a todo el equipo técnico de la gala, se lo cepilla y listos. Todo llegará.

En esto se está convirtiendo el “show business”. Para sus estrellas, la creatividad, la canción o el videoclip ya no son lo más importante. La aventura creativa no cotiza al alza. El objetivo es acumular capital mediático, convertible en dinero. Madonna, madre de todas las neolagartas y adicta a la transgresión, el reciclado y el baúl de los disfraces, empezó a hacerlo treinta años atrás, con tretas similares, y le ha ido de miedo. Hoy es quien gana más dinero en el mundo del espectáculo. El año pasado, 125 millones de dólares. Y mientras Lady Gaga, Miley Cyrus y demás neopetardas quieran atraparla, vamos a ver grandes cosas en la tele. Aunque yo recomiendo apagarla.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 1 de septiembre de 2013)