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El nuevo Espai Cràter, en Olot, al pie del Montsacopa, junto a la plaza de toros, se asienta sobre el volcán del Puig del Roser. Cuando Toni Casamor y Anna Codina recibieron el encargo de proyectar este equipamiento, que promueve el conocimiento del entorno volcánico, la ciencia y la sociedad, pensaron que lo mejor no era construir un edificio de nueva planta a cuatro vientos, sino hundirlo en la tierra y cubrirlo con un parque. La idea era documentar el volcán desde su interior.
El mencionado parque es ahora una pequeña colina, con vegetación incipiente, farolas arbóreas y dos hendiduras enfrentadas, que evocan coladas de lava y por las que se accede, escaleras abajo, al Espai Cràter. Esta es la única manifestación arquitectónica visible del edificio desde su exterior, además de dos lucernarios como chimeneas. Por lo demás, el edificio desaparece, es invisible.
Bajo tierra, Casamor y Codina han dispuesto una estructura de hormigón, ahora oculta, salvo en los mencionados accesos. Sus muros, robustos, de aire brutalista, no trazan paralelas ni caen a plomo, de manera que evocan el desordenado movimiento de placas tectónicas asociado a la actividad volcánica. La materialidad –gravas volcánicas de basalto y greda embebidas en muros y suelos, las carpinterías de haya– se relaciona con la temática y el entorno del equipamiento. También los colores rojizos, como el de la lava, de los muros de acceso.
En el interior, un gran vestíbulo central articula las tres estancias principales: sala de exposición, auditorio y aula. Las dos primeras no necesitan luz natural. La tercera la recibe por uno de los dos lucernarios. Sobre estos espacios, un espacioso altillo cobija la zona administrativa y una pequeña biblioteca.
Al visitar la sala de exposición, equipada con maquetas, audiovisuales interactivos y maquinaria científica, se comprende por qué tenía sentido hundir este edificio en terreno volcánico: uno de sus muros, sin revestimiento alguno, exhibe un largo talud de tierra tal y como quedó tras una erupción.
Aunque son proyectos y tipologías distintas, esta obra recuerda a una anterior de Casamor, la Biblioteca Joan Maragall en Barcelona, también con hendiduras y niveles subterráneos. En aquel caso se trataba de resolver un desnivel urbano, y hacerlo transitable. En Olot se ha tratado de remover tierras, trufarlas con un equipamiento y devolverlas a su lugar. Donde antes rugían las entrañas del volcán, ahora se desvelan sus secretos.

(Publicada el 7 de marzo del 2022)