Delegada o por libre

05.05.2013 | Opinión

Las damas del Partido Popular son una mina. Apenas repuestos de las impactantes declaraciones de María Dolores de Cospedal –“Nuestros votantes dejan de comer antes de no pagar la hipoteca”, proclamó la número dos del PP–, hemos sido obsequiados con otras palabras que también merecen inscripción en mármol. Esta vez las debemos a María de los Llanos de Luna, delegada del Gobierno en Catalunya. El mismo día en que nos enterábamos que la cifra de parados superaba los seis millones, creyó oportuno serenar los ánimos así: “es importante que haya gente pija y rica, que son los que luego gastan y consumen”. Eso es lo que nos dijo la delegada, sin precisar si actuaba en ejercicio de su cargo, en nombre del gabinete Rajoy, o de por libre y aportando su plus a la paz social.

La semana pasada dediqué este espacio a analizar el texto de la revelación de Cospedal. Hoy haré lo propio con el de Llanos de Luna. Allá voy. Cuando alguien afirma que algo es “importante” nos indica que es conveniente o interesante. O sea, que conviene que exista. Es necesario pues que existan los pijos y los ricos. Porque, según la delegada, se toman la molestia de gastar y consumir, cuando ya tantos no lo hacen, alegando excusas como la crisis, o llevados por la flojera que causa el Estado hiperprotector.

De ese “son los que gastan y consumen” se puede inferir también que son los “únicos” que gastan. O, al menos, los únicos que gastan lo suficiente como para dar vidilla a la economía. De no ser así, Llanos de Luna no los habría distinguido, o habría aludido al papel central de la clase media como motor económico… Pero Llanos de Luna quizás quería ir aún más allá y sugerir que pijos y ricos son los únicos que “quieren” consumir. O incluso que quieren consumir llevados no por darse un gusto, o dos, o tres –eso sería egoísmo, ¡qué horror!–, sino para contribuir al bienestar general: una conducta ejemplar que la clase media, extraviada en su obsesión por llegar a fin de mes (y un poco por fastidiar) no imita.

Hemos progresado. En tiempos de Fraga y Aznar, cuando el frente de espectáculos del PP incluía a Luciana Wolf, Norma Duval y poco más, la vedette aportaba un plus escultural a las campañas conservadoras. Aunque no la dejaban hablar mucho, porque los mitines más aplaudidos los daba a golpe de cadera en la escalinata del Folies Bergère.

El PP, que es agradecido y sentimental, ha promovido en años recientes a políticas de rasgos normaduvalescos, tipo Cospedal y Llanos de Luna. Estas no bajan en tanga por la escalinata del cabaret parisino, pero pueden hablar sin pensar mucho. Si ahora añadiera que antes estábamos mejor, me acusarían de machista. De modo que no lo haré. Dios me libre. Sin embargo, Norma Duval nos alegraba la vista sin dañar el nervio óptico. Y sus sucesoras nos dañan el oído y, no contentas con eso, prosiguen hasta atacar el cerebro y ofender la inteligencia colectiva.

(Publicado en “La Vanguardia” el 5 de mayo de 2013)