Sin imagen

 

Centro Cultural Daoíz y Velarde

Arquitectos: Rafael de La-Hoz

Ubicación: Madrid. Avenida Ciudad de Barcelona, 162

 

De almacén de artillería a teatro infantil. Este es el cambio de uso de una de las naves de ladrillo de los antiguos cuarteles de ­Daoíz y Velarde. Otras fueron rehabilitadas previamente como sede del distrito del Retiro de Madrid o como polideportivo.

El cuerpo de dicha nave, que remite a un patrón de arquitectura industrial infrecuente en la capital española, ha sido casi ínte­gramente preservado por el arquitecto Rafael de La-Hoz. En el exterior conserva en muy buen estado sus trabajos de ladrillo, que dibujan discretos marcos y dinteles de ventanas, pilastras y cornisas. En el interior, el ladrillo exhibe en cambio todas las heridas del tiempo, que no son pocas.

La estructura metálica sigue siendo la original. Durante las obras de recuperación de este edificio, que propiciaron una importante excavación interior, sus pilares quedaron colgando en el aire. Pero ahora vuelven a participar con las cerchas en las labores estructurales, soportando una cubierta en diente de sierra revestida de zinc y con grandes lucernarios a norte.

Las dos salas teatrales, una clásica y otra de platea configurable, se sitúan, en efecto, en un nivel inferior al de calle, siendo este último espacio multifuncional. Dichas salas se han construido con hormigón y líneas minimalistas, insertas en un gran vaso también de hormigón que contiene el recinto y sostiene los viejos muros de ladrillo.

No hay en esta obra el menor aderezo. Se ha buscado, en cambio, un sereno contraste entre la caja de ladrillo preexistente y su nuevo basamento de hormigón. La intervención del arquitecto ha tenido por principal objetivo conservar lo viejo y dar vida a lo nuevo, sin permitir que rivalicen, armonizando épocas y materiales de modo delicado y contenido, sin estridencia alguna.

Esas son las buenas noticias. La mala es que esta obra de largo recorrido –que empezó con la crisis, en el año 2007, y se prolongó casi siete más– sigue sin inaugurar. Al menos en sus dos teatros, carentes todavía de butacas y de otros servicios imprescindibles. Una auténtica pena. Porque el barrio agradecería este equipamiento. Y porque es buen trabajo arquitectónico y una prueba manifiesta de que lo nuevo puede convivir en y con lo viejo.

 

(Publicada en "La Vanguardia" el 18 de diciembre de 2