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De establo a escuela

13.02.2016 | Crítica de arquitectura

Escuela La Remunta
Arquitectos: BAAS
Ubicación. L’Hospitalet de Llobregat. Parque de la Remunta

Donde había caballos hay ahora niños de uno a tres años. Lo que fueron las caballerizas del antiguo cuartel de la Remunta, en l’Hospitalet, son ahora aulas. Por fuera, el edificio ha sufrido una leve modificación volumétrica. En su interior ha cambiado por completo. Lo que fue una nave tirando a oscura, con boxes a lado y lado y un pasillo central tenuemente iluminado por lucernarios, es ahora un edificio escolar.
La estrategia seguida por BAAS, el equipo que encabeza Jordi Badia, ha sido sencilla. En un primer movimiento, cortó los muros que separaban los boxes y los dejó colgando a poco más de dos metros de altura, a modo de pantallas que rebotan la luz cenital. Así logró espacio para las aulas. En un segundo movimiento, dibujó una cruz sobre la planta, para abrir pasillos y una zona común. La labor se completó añadiendo un pequeño pabellón acristalado de acceso, practicando aberturas de distintas dimensiones en los muros del edificio, y elevando un poco la cubierta del piso superior, para conseguir más luz, retocando al alza el volumen original. El resultado es una intervención tan modesta como efectiva y también económica.
No son tiempos para el alarde ni el grito arquitectónico. Escasea el dinero para eso. Y en las instancias públicas no hay ganas de incurrir en gastos excesivos, sino todo lo contrario. Es hora de una arquitectura dedicada a rehabilitar viejas construcciones. En este sentido, la intervención de BAAS en la Remunta es muy apreciable. Al igual que lo fue, en mayor medida aún, su obra en Can Framis. Si allí se recuperaron dos viejas naves fabriles y se juntaron con otra de nueva planta, en la que no faltaban los guiños contundentes a la arquitectura de hoy, aquí se interviene con mayor discreción. Pero con similar propósito: recuperar de modo desinhibido y para nuevos usos un edificio que, en tiempos no muy lejanos, se hubiera derribado y sustituido por otro. “En ambos casos –dice Badia– se trataba de dar nueva vida a un edificio preexistente, utilizándolo como si fuera otra materia prima con la que construir. Es lo que nos piden estos tiempos”.

(Publicada en “La Vanguardia” el 13 de febrero de 2016)