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Dos casas de corcho

Arquitectos: Emiliano López y Mónica Rivera

Ubicación: Llafranc (Girona). Ronda del coral, 11

 

 

Hay dos maneras de proceder cuando se va a construir en una parcela arbolada de fuerte pendiente. La primera pasa por talar los árboles y excavar hasta allanar la superficie que acogerá la planta. La segunda pasa por acomodar la nueva construcción al solar sin desnaturalizarlo. La primera es, quizás, la más frecuente. La segunda requiere mayor sensibilidad y talento, pero puede arrojar resultados mucho más estimulantes.

Emiliano López y Mónica Rivera han construido dos casas en un solar inclinado de la Costa Brava, siguiendo el segundo procedimiento. Y lo han hecho priorizando la preservación del carácter boscoso del lugar, empleando como revestimiento exterior el corcho –la vecina Palafrugell tuvo gran industria corchera– y buscando la mejor colocación posible para ambas casas, sin recurrir a su previsible división en terrazas.

A primera vista estamos ante dos discretos bloques cúbicos, de tres y dos plantas, que en absoluto exhiben vocación formalista, y están separados por una escalera común que trepa desde la calle. Sus líneas angulosas no parecen las más adecuadas para un entorno natural. Pero los tonos pardos del corcho aportan un plus de mimetismo con los pinos y los alcornoques y contribuyen a integrar el edificio. En el interior, la sensación es otra. La casa está construida con madera contralaminada de pino, de funciones estructurales, que da a las estancias una atmósfera cálida, de acento nórdico. Los ventanales, sin embargo, son generosos y fomentan la relación visual con los árboles y con el mar. (Alguno de ellos, con cajón exterior, incluye festejadors que evocan a los del hotel Aire de Bardenas, obra inicial y muy aplaudida de López/Rivera). Aunque tal relación visual viene servida, sobre todo, por dos estancias exteriores y superpuestas en un palio de hormigón, exento pero anexo a la casa mayor, atravesadas por uno de los mejores pinos de la parcela.

Quince días atrás hablábamos aquí de una casa en Port de la Selva que compartió con la que hoy comentamos el último premio de arquitectura de la demarcación de Girona del Col.legi d’Arquitectes. Si en aquella se depuraba una tradición moderna de segundas residencias costeras, en esta se expresa de modo muy satisfactorio una vocación de integración en la naturaleza, sin duda acorde con la creciente sensibilidad medioambiental y con el compromiso para reducir las emisiones y el consumo energético.

 

(Publicada en "La Vanguardia" el 19 de agosto de 2017)