Cuentos de Botella

15.09.2013 | Opinión

Llevo días intentando responder a dos preguntas: ¿por qué es Ana Botella alcaldesa de Madrid? ¿Qué gana convirtiéndose en el rostro de la derrota de Madrid 2020 y, de paso, en el hazmerreír del país? Esta semana hemos visto a menudo los vídeos de sus malhadadas intervenciones en Buenos Aires, durante las sesiones del COI coronadas con la eliminación exprés de Madrid y la concesión a Tokio de los Juegos del 2020. Desde luego, la presentación de Botella fue cursi, torpe e insustancial. Eso de que Madrid es divertido y de tomarse una relajante taza de café con leche en la plaza Mayor no atrae ni a los jubilados del Imserso rumano con “forfaits” a precio reventado. Y menos a los sibaritas del COI. Sobre todo si les glosan las gracias capitalinas como lo hizo la alcaldesa: con el tono que debe adoptar para contar cuentos a sus nietos cuando les hace de canguro. (¿O será debilidad por el género cuentístico? Wikipedia cita estos tres libros de Botella: “Érase una vez”, “Cuentos de Navidad” y “Mis ocho años en Moncloa”.

Sea como sea, la performance porteña de Botella perdurará como imagen viva de su mandato, junto a la rueda de prensa que dio tras la tragedia del Madrid Arena. Entonces acreditó poco temple, menor credibilidad y lo grande que le venía el cargo. Ahora lo ha confirmado.

Colocar a Botella como alcaldesa de Madrid se está revelando un desatino. Pero encaja con una idea extendida aquí de lo que pueden ser la administración y los cargos públicos: un coto privado al que algunos acceden a sabiendas de que hay candidatos más cualificados, y cuyas prerrogativas ejercen ostentosamente mientras descuidan sus deberes. Lo que en otros países sería inadmisible aquí se normaliza. Los que mandan han adquirido la costumbre de tratar al Parlamento, la oposición o la prensa como a una mosca molesta; como si su gestión no estuviera sujeta al escrutinio popular o como si la impunidad fuera su privilegio. Tanto han operado sin rendir cuentas que ahora, al exportar el método y comprobar que en el extranjero no cuela, sus subalternos inventan conjuras para eludir la deshonra de una derrota de la que son corresponsables; entre otros motivos, porque respondieron penosamente a las preguntas sobre el impacto real de la crisis económica en España –y, por tanto, sobre las garantías que esperaba la “familia” olímpica– o sobre nuestro dopaje. Todo ello ayuda a que la cacareada marca España cotice a la baja. Y no puede decirse que la misión enviada a Buenos Aires –a excepción del Príncipe– la reflotara.

Como último descargo, se atribuyó a la ausencia de Samaranch (padre) el trato desafecto del COI. Sin duda esa ausencia pesó. Pero los impulsores de Madrid 2020 deberían también considerar si ciertas presencias no habrán contribuido a la derrota más que la ausencia del conseguidor Samaranch. De modo que ahora voy más allá y me pregunto: ¿por qué sigue siendo alcaldesa Ana Botella?

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 15 de septiembre de 2013)